jueves, 12 de septiembre de 2019

TERROR


Me he descubierto a mí,
muerta de miedo.
Mirando suspicaz
al futuro muerto
y me he visto ¡relámpago!
de un manotazo azul,
como de viento,
nítida en el recuerdo.

Yo que los dientes
desgasté en la rabia,
(intento de apretar
lo que está suelto)
al querer controlar
-tubos adentro-
tu poder sobre mí
y mi desconcierto.

Yo que prohibí a mi lengua
pasear sobre tus letras.

Yo que a mi mente construí una jaula…

Yo que llené de piedra los cajones
que me dejaste abiertos…

Pero resulta que los más miedosos
son siempre temerarios sin remedio.
Que prepotentes, lo contienen todo como héroes
y de inconstancia suelen morir de a poco.

Ahora comprendo que este miedo,
este terror cotidiano y fuerte,
no es más que el pavor de perderte dos veces.

Porque si llega el día en que tu nombre
sea pronunciado como suena el tedio,
como todas las cosas que son indiferentes,
y nunca más estremezcas mi cuerpo,
habré perdido, esta vez para siempre,
la cumbre borrascosa en que te encierro.

©Leibi Ng

martes, 3 de septiembre de 2019

Lo que creo


Para cada lamento
hay un consuelo.

Para cada sollozo
un sorbo de aire.

Para un desesperado
que aún espera
hay en el color negro
un cierto brillo
un aura de esplendor
casi invisible.

La oscura madrugada
que resiste el embate
de bestias desquiciadas.

Ni humo ni alcohol
hay en la espada
solo el filo implacable
de la muerte.

Cercenar al instante
la amenaza
patética pero implacable.

Para cada lamento
hay el consuelo de vencer o morir
por lo que creo.

©Leibi Ng

Lo que quiero



Amentos soplados
musicando el aire
esparciendo estigmas
desnudos de polen
cortina de luces
besos que te doy.

Pender de unos labios
como de un recuerdo
extender el alma
larga cual la piel
mapa de mis sueños
geografía del verbo
mi país soñado
mi aurora
mi sed

Sueltos en suspiros
tiempo y pensamiento
palpar una espalda
sin rostro, sin voz
hallar tu mirada

¡Eso quiero yo!

©Leibi Ng

sábado, 24 de agosto de 2019

PERDER EL FUEGO, PERDER EL JUEGO



"Entre los dos, amor,
yo sola soy
la única que amo." Canción.

De acero son las palabras:
“Nadie manda al corazón”…
En la piel abre unos labios,
púrpura flor se dibuja
adornando su martirio,
heladas brasas la carne
cauterizada con pena
un frío de invernadero
se acurruca en lo más hondo.
Como un camino de lava
lentamente va avanzando
por la piel abierta en dos.

Se rompe su biología
sobre una playa desierta.

Venas y vasos desfogan
la autodestrucción dormida
enclaustrada largos años
en el corpus del dolor.

Afuera nadie lo nota,
el desgarre incontenible
de unilateral amor.

Habría que mirar profundo
en las pupilas ocultas,
repitiendo como un eco:
“Nadie manda al corazón”.

©Leibi Ng

Seducción


Del blanco de tus ojos
mansedumbre
unida a la sonrisa
cual de santo
emana aroma fino de costumbre
guardada en la apariencia…

La dádiva en la voz
el gusto atento
la palabra gentil
(ya es un señuelo)
de la vital mordida
de valor seductor
sátiro en celo

Pero el olfato da
señal de aviso
a la caza feroz
que oculta formas
y no bien se presenta
flauta en mano
la ninfa que persigue
se evapora.

Guarda en el risco
el cambiante horizonte
soñando que vendrá
fetiche en mano:
una seda que vuela
como un pájaro.

©Leibi Ng

lunes, 29 de julio de 2019

DIEGO



Ahora me ha dado por seguirle los pasos
a tu apellido, nombre que recuerda
a un lago en calma o a un ser instruido,
sabio en la sombra, parsimonioso y breve.

Él solo logra nombrar pequeñas cosas
desentrañando el color de la espera
extrae el alma dormida en las esferas.

Yo sé que nunca llegaré a apresarlo
con mi impaciencia y este vivir corriendo
sin respirar el aire de allá afuera
con su silencio como de cementerio.

No sé de hormigas, secretos entrañables,
no sé de gatos con fuego en las pupilas
no sé de trenes, fantasmas sobre rieles.

Diego, el que nombra escindiendo el cielo:
penumbra y luz, matices que diluyen
sinfín de génesis en origen perpetuo.

Y esa pared formada por las motas
de un polvo cósmico que nunca se enamora
y jamás toca el suelo.

Desayunar con el café más tierno
nombrar el pan y paladearlo lerdo,
Diego-trasluz en el patio tan suyo
rey poderoso del reinado Tiempo.

Veo emociones en su decir honesto
un cruce extraño con la melancolía
de uno sin libertad para soñar ventanas
y sin embargo, es un pájaro suelto
que con sus alas bautiza lo creado
solo porque renazcan y de pronto
sean nuevas aun en la penumbra.

Diego, Eliseo, tan hijo de asturiano
como cubano entero,
eres espectro sin ser invisible
robas la esencia de todas las cosas
que languidecen hasta que tú las nombras.

©Leibi Ng

viernes, 5 de julio de 2019

ESPALDA


Todos se preguntan ¿qué busca?
y la cuestión no se resuelve.
Requiere un sacrificio
por las contradicciones del amor.

Sintiendo en cada célula
mi sangre coagulada
ni respiro ni vivo
signada por ti
mojón en el camino
cosa inútil e inerte
paralizada
muerta...

Vencer o morir
pero sin armas
con invisibles fuerzas
que te asedian
todo diciendo no.
tú, dominante
erecto en el confín
del otro abismo.

Obstinada
como esperando el jaque
sabiendo que mi sangre
hecha de nudos
se volverá a licuar
cuando estés cerca
y volveré a vivir
para morir de nuevo
ante la suerte
de amar a quien no debo
en este ciclo eterno
de cara o cruz,
de anverso y de revés
ahora de espaldas.

©Leibi Ng

sábado, 29 de junio de 2019

Sin título (archivo personal)

A tu regreso lejos de la riña,
sin guerras de palabras,
buscarías la paz.

La paz que no se encuentra en casa ajena.
La que anida en sábana y mantel
oliendo el perfume humano
esencia de ternura.

No toques mi cabeza
que me robas la suerte.
No hurgues en mis sesos.
Hay cosas que es mejor
no recordar.

Aunque para quemar
hay que airear cosas viejas.
Muy dentro no hay oxígeno.
Sin él no hay combustión.

©Leibi Ng

sábado, 1 de junio de 2019

DESTINO


El destino de la cortina de agua
más allá de los poros de la tierra…
¿tendrá alguna carta de azogue?

Como niñas que roban vino
se desparraman líquidas las gotas.

Corren, corren…
          Se deslizan,
               salvan obstáculos...

Hacia un final incierto arrastran
la cloaca, el mar inmenso
-incluyendo materia-

“Agüacero en venganza” que no alcanza la guerra.

Por debajo,
raíces hechas enredaderas
se chupan ese llanto clemente e inconsciente.

Sin retorno el camino, surca humedad reciente.

En el firmamento
las espadas refulgen y abundan las heridas
tajos tan transparentes
que podrían echar sangre
con dolores recientes.

©Leibi Ng
Inicia la temporada ciclónica en Santo Domingo

sábado, 18 de mayo de 2019

Nací para estar triste

Gloria Fortun. Pinterest

La flor que en su momento,
esplendor luce sola,
sabe que morirá marchita en gloria.
Una abeja su polen lleva
(mensaje al viento)
y otra vez nacerá sin argumento.
Pero el hombre que tala, ara,
destruye y vuelve a hacer...
no siempre tiene un hijo que conserve
aquello que su viejo construyó
con sudor y con lágrimas.

Y aquí estoy yo,
entrando por los ojos la tristeza
de ver que otros desprecian
el oro del saber.

            Crecí sin libros.

El hambre de tenerlos
se ha instalado en mis huesos.

Muero despierta y sé,
que éstas, mis cosas,
nadie querrá a su vez.

¡Oh, abeja dorada,
con tu franja de tinta,
escríbeme esta página!

Haz que mis sentimientos
permanezcan en tierna inteligencia
y que un día la tristeza sea borrada
cuando la Humanidad desista
de atesorar lo material
y entienda que la vida se perpetúa
por ese hilo de oro de la abeja
que hace renacer el saber
en nuevas plazas.

©Leibi Ng

domingo, 12 de mayo de 2019

Eso es todo


Esta es la historia de ella, la virgen espigada de ojos tiernos, que acosada por los avances amorosos del casado, cedió. Dejó que él la llevara al sitio donde se ama. Dejó que desnudara su piel. Dejó que se incendiara en su vorágine. Dejó que se elevara cual montaña. Dejó que removiera sus entrañas. Dejó que poco a poco descendiera. Dejó que se muriera dentro de ella. Dejó que aquella lava descendiera. Dejó su himen junto al macho inerte. Dejó el mito de la virginidad en la cama. Y salió sola. Más libre que en la entrada. Más mujer que ninguna al conocer que sus gemidos serían para quien la quisiera en cuerpo y alma. ©Leibi Ng

sábado, 11 de mayo de 2019

A VECES


A veces
uno se abstiene
cuando los hilos del títere que somos
(herencia de los desheredados)
se hace visible.

A veces
vale más el llanto silencioso
que la denuncia abierta.

A veces
el deseo de separar al par en la contienda
se vuelve inútil
ante el atizamiento de la multitud.

A veces
lo que parece un bien
es un regalo de maldad.

A veces
los designios del odio
impulsan la tercera ola.

©Leibi Ng

miércoles, 8 de mayo de 2019

El corvette



Ya no sé si era azul o era verde
pero me dio una bola desde la UASD
y se quedó a presumir de la carrocería
con un emblema que es toda una leyenda.
Me dijo que me enseñaría a conducir
pero eso a mí nunca me ha interesado.
Como en una película, lo vi sentado
en la sala pidiéndole mi mano a mi mamá
y ella tan sabia siempre, solo dijo:
“Si ella quiere” y yo quise.
Pero lo cierto es que no sabía.
Así que nos sentamos dos o tres
noches en sendas mecedoras
tomados de la mano mirando
el trajín de aquella casa,
cuidando a mi hermana menor
y oyendo voces de la calle
junto a unos proyectos muy raros,
como dotar de baterías a las latas
de candela de los maniceros;
para mayor realismo,
ellas tirarían chispas artificiales...

Un día no volvió
y fue tan natural como había llegado.
El resto fue recoger la grabadora,
que le había prestado, en una casa
de la Mella en el segundo piso
donde me recibió una rubia teñida
argumentando lo que yo no quería saber.

Ciertamente, fueron los amores más extraños.
Nunca entendí por qué un hombre tan grande
tuvo miedo de una mujer pequeña de 18 años.

Y no era ningún corvette sino un mustang
porque lo único que recuerdo es el caballito.

©Leibi Ng