miércoles, 26 de julio de 2017

Monte Taijeto


Él descubrió la llave
del alma femenina:
Vulnerable cual niño
confesó sus dolencias
Debilidades, taras,
cicatrices, cortadas,
mutilaciones ciertas
y por tanto variadas.

Ante ingenua franqueza
la mujer se amilana
saca amazona interna
y asume la batalla:
"Yo te defiendo, hijo".
"Yo te cuido, mi alma,
que para eso me han dotado
dos órganos que ovulan
y un útero engarzado con divina
misión: A la vida dar vida
y a  la muerte prisión".

Y poquito a poquito
el mendaz se hace fuerte:
Fuerte en hábitos fijos,
fuerte en líos y tramas
chupador de pezones
ya nocturno, ya diurno...
Hasta que bien seguro
va sacando sus armas;
vengativo, asertivo
cercenador de palmas.

Y un día el alma grande
de la madre que espera
se eleva en su estatura
y saca fuera el karma
lanzando al hijo ajeno
al Taijeto que aguarda.

Con la única tragedia
de que instinto materno
en otra hembra renazca
y el infeliz arraigue
y nazca nuevo lactante.

©Leibi Ng

Insalvable


Todo su amor era roto,
resquebrajado, incompleto.
Nació pichada vasija
eso sí, muy bien florida.
El primer día de la creación
Ya se le salía el agua,
aunque probaron con música,
sueños, anhelos, las ansias…
Otro fondo no tenía.
Otro fondo no acataba.
Sólo incontinencia fue
a lo vacío destinada.
Incansable se movía bajo caños
ya fueran de fuego o lava…
Hasta de lodo o de limo
quiso un día rellenarse
Pero fisura insalvable
no se tapa cual balón.
No permitía que nada
se asentara en su pudor.
Así maldijo al mismísimo
Señor Dios que lo creó
Se llenó de imprecaciones
para el principio creador
Y todos eran culpables
desde su hueca visión.
Todo menos el hoyito

de su pobrecito espíritu.
Yo pretendí sembrar flores
cultivarlas con amor,
pero la vasija solo
se llenaba de dolor.

©Leibi Ng

jueves, 13 de julio de 2017

Microrrelato


Flora Borsi

Yo no miré tu cuerpo ni tus manos
no reparé en tu cuello...
Sí en el ojo cuyo párpado abrí para entrar en tu abismo.

©Leibi Ng

sábado, 1 de julio de 2017

SIEMPRE EXTRAÑA


A J. que ama demasiado

Olvídame en el Metro como a un libro.
No permitas que nadie me devuelva.
¿En qué lugar? Donde el vagón se rompe,
lejos de tus dos ojos que han mentido.

Alejada de Dios, que sin ser tuya
pisoteada por mil, como un repudio,
la tristeza redonda en arandela
querrá romperse como una quimera.

Y es por permanecer así humillada
por lo que el trajinar convierte en alas
el destino final de desterrada...
Rosa mustia de espinas despojada.

Pero se queda en mi tanta palabra:
demencia de perderme, extraña siempre.

©Leibi Ng