viernes, 30 de diciembre de 2016

Del mar no quiero sal


Me he callado durante mucho tiempo
pero hoy por fin comienza el viaje hacia el olvido.
Espero que esta vez encuentre el medio,
el preciso vehículo que alquilo
más allá del horizonte
donde tú sabes que el mar no se une al cielo
porque se traga el sol casi al final del día
en un festín rojizo de encomiendas
que llenan de tristezas el crepúsculo.
En ese ir y venir de las mareas
yo sé que envían sus penas los desocupados del Malecón.
Mensajes sin botella,
que causan estupor de olas y ondinas.
Colgado de una de ellas, tal vez,
mis deseos por ti mueran ahogadamente.

¿Qué sentido tiene amarrar la barca
y sentarse en el muelle a contemplar gaviotas
mientras los peces saltan?
¿Es eso una bitácora del desamor?

Cada herida
emponzoñada en sienes
y cada dolor que no expresé por compasión
me condena al cáncer de los recuerdos.

Yo ya no buscaré más nunca tu mirada
y poquito a poquito serás menos que arena
en este puño abierto que tu pasión quebró.

Eras hermoso como trino de pájaros en las mañanas
y transparente como el agua de un arroyo cristalino

Tal vez, serás por siempre primavera
pero ahora vas en procesión hacia una tumba
y no encontré la forma de marcar tu lápida con mis uñas
porque el mar
es el cementerio de todas las lágrimas del mundo.

©Leibi Ng

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