lunes, 28 de noviembre de 2016

Sexo II



“Escribir es un acto de amor”. Simone de Beauvoir

Estamos hechas de sus deseos.
Cada curva de nuestras caderas
contorneada por sus dedos.
Nuestro sexo, concebido
por sus equis y sus yes.
Desde el semen patriarcal
por las lágrimas que nos surcan las mejillas
que un mal padre no consuela.
Menstruamos acopladas al porvenir destinadas
a que fecunden el huevo
desde las mismas cavernas
atravesando el Medioevo
y todo el Renacimiento.
Damiselas rescatadas.
Brujas en la hoguera quemadas
amas de casa cosificadas…
Sometidas bajo el peso de sus cuerpos
mendigando la atención del primer sexo
que pregona su odio hacia la monogamia
como nosotras amamos el pene cual complemento.
Freud se equivocaba. El miembro, no lo envidiamos:
Queremos al hombre dentro.
Para eso le fregamos, cocinamos y servimos.
¡El hombre entero!
Y vamos de madres, hermanas, amantes o secretarias…
Todo en uno a cambio de un hombre entero.
Con cerebro, con su tórax aplastándonos los senos
y su pene que nos preña misión de naturaleza.
Como madres los educamos, extensión de lo que amamos: Sacrificio.
Soñamos cuando es preciso
No vale despreciar celos. Los celamos.
Somos la esposa que espera.
Únicas en un recinto de contrastes.
Amadas a plenitud, usadas como pañuelos, intercambiables…
Mutiladas, vez tras vez con diversos instrumentos,
—especialmente palabras, actitudes—…
Castran, cortan, diseccionan,
mochan, trocean, despedazan…
Paralizan a la joven rozagante,
jamonas deshidratadas
solitarias de amores frustradas
Siempre hembra a imagen y semejanza de madona
de convento, puta, abadesa, matrona de posada;
Cirse, meretriz, maipiola, vieja de mierda, mujer del Diablo.
Tontas dotadas del clítoris que las inflama.
Frígidas hechas de hielo…
Ninfómanas insaciables, histéricas, violentas, agrias,
chiviricas; tontas risas, casquivanas,
pecadoras, diabólicas, tentadoras, apedreadas…
Tanto maldecir y
tanto desearnos hasta los huesos.
Cual Pigmalión nos cincelan.

Somos... ¿el segundo sexo?
Mujeres, sí, paridoras.
¡Del futuro, las guardianas!

© Leibi Ng
Noviembre 2016

Poema en construcción. ¿Acaso no son los hombres una hechura, también, de la sociedad que los utiliza? El futuro nos hallará de otras formas.

viernes, 18 de noviembre de 2016

A fuerza de pez


De una visión así difuminada
nace la idea aún descabellada
de leyenda de dos, o mejor tres,
que un pescado salvó con sus vapores.
Era Sarah tan frágil, tan hermosa,
que tuvo (no uno o dos) al menos siete
pretendientes que al tratar de poseerla
ipso facto caían exterminados cual pichones.

Cómo empezó la historia, no se sabe.
Lo cierto es que una noche se prendía
el fuego del infierno en cercanía.
Y el relumbrón semeja como amor:
ardiente en las entrañas, pura lava.

El mismo que esperaba aquel Tobías,
quien tuvo que valerse del arcángel,
que ingeniárselas en el río pescaría
para salvar la vida al aspirante
que el demonio celoso mataría.

-Rafael, he sorteado continentes.
Me embarqué en siete puertos polizonte.
Viajé sobre una bala cual Munchausen
y supe que era tarde aunque apurara
con todas las hipérboles en bandada.

Soy el puerto en la noche de amargura.
Campanita que cura abierta herida.
La Wendy que te arropa con ternura.
La madre que te azota si hay locura.
¿Y para qué me quieres? Yo pregunto
Penélope que con Ulises teje y teje,
mujer que otea los mares cual posesa
sabiendo que estas guerras no remiten
y mutilada o muerta se regresa.

©LEIBI NG


“Dios Cura"

Rafael es considerado el medico celestial y la musa de todos los médicos  
que tienen delante un paciente enfermo, en sus enseñanzas se recomienda que para ser un buen medico es imprescindible humildad y pobreza.

Se le representa en ocasiones con un pez en la mano o en los pies.

Rafael puede ayudarnos  a buscar el don de la curación, pues nos muestra modos de curarnos  a nosotros mismos, nos guía paraencontrar la curación en la naturaleza y en la energía universal.

Del mismo modo nos ayuda  cuando deseemos sanar los males de nuestros semejantes.


martes, 1 de noviembre de 2016

Porque te espero...


Porque te espero, espero
hurgando en las portadas
de tus novias pasadas
las vivas huellas de emociones
que proclamas enterradas.
Porque te espero, espero
el sonido de campanas
del mensaje entrante
que sepulta a los de atrás
bajo su peso de palabras y bytes.
Porque te espero, espero
que el frío se aposente en las aristas
de esquinas angustiadas, silentes, redondeadas
por el peso de tanto sentimiento aglutinado en sus arenas.
Porque te espero, espero…
y en tu espera ignoro el paso de los transeúntes,
las miradas furtivas y curiosas, el tráfico incesante…
la locura abrigada y la demencia desnuda.
Porque te espero, espero
que tu rostro ilumine la avenida
en que te mueves a mi encuentro.
Porque te espero, espero
que nadie se dé cuenta
de que existes en mi
realidad inventada
y yo sólo hago tiempo
para no sentirme desnuda
en esta ciudad poblada de soledad.
©Leibi Ng