lunes, 18 de julio de 2016

KUMIKO OKADA


Supongo que aceptar viene de lejos
de cuando siendo niña le pedía muñecas a los reyes
y traían conjuntos de vestir y algunos libros...
¿Qué digo? no había libros. ni juguetes,
ni adornos, ni vestidos…
Dejar de desear era el secreto
para no sentir más.
Entonces te anestesias
y haces todo
sin motor
sin entusiasmo
sin la pasión
que tensa
las arterias
y te hace
sudorosa
e inestable…
Y sin embargo,
el corazón,
un día
se vuelve terrorista
o bomba humana
y en un ¡boom!
muy sonoro
el cuello le cercena
al desgraciado
hermano del dolor.

©Leibi Ng

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