miércoles, 29 de julio de 2015

Poemas infantiles para regresar a clases


Canto de Patria

Antes de entrar en el aula
saludamos la nación.
Con patrióticos versos
yo canto en alta voz.

En la escuela entera
suena nuestro Himno.
Felices y libres
todos nos sentimos.

Himno dominicano
música celestial
con tu hermosa melodía
el pecho me haces vibrar.

©Leibi Ng



Regreso a mi aula

Ya va entrando agosto
con su lluvia clara
es tiempo, ya es tiempo
de volver al aula.

Desde mi pupitre
miro la pizarra
mi maestra escribe:
"Qué hermosa es mi Patria".
©Leibi Ng


Mi Bandera

Azulita y roja
me dice que sí.
Ondeando en el viento,
sonriéndome a mí.

Es mi banderita
tan dominicana
mientras más se eleva
más alto me llama.

Y mi pecho abraza,
como su Cruz Blanca,
Ideario de Duarte,
Patria y Libertad.
©Leibi Ng


Mi mochila nueva

Le saqué todito
el relleno de papel.
La etiqueta roja
le quité también.

Mi nueva mochila
creo que "come libros"
Yo le echo de todo,
y ella diligente
desde sus bolsillos
sonríe clemente.

Borra, lápiz, lapicero,
cuadernos, regla y compás,
en mi mochila me cabe
el futuro de verdad.
©Leibi Ng



Mi uniforme nuevecito

Azul, como el cielo limpio
es mi blusa de la escuela.
Azul como tiza nueva
para dibujar el mar.

De caqui mi pantalón
me hace sentir responsable
del futuro que ahora llevo
¡y en la mochila me cabe!
©Leibi Ng



La Maestra

Hoy que es agosto y es lunes,
conocí a la señorita. ¡Qué bonita! ¡Qué educada!
¡Me conquista su mirada!
Es bajita, tiene un moño y una sonrisa bonita...

Muy entonada su voz, me dice que abra mi libro
en la página catorce y haga dos, tres, diez lecciones...
¡Qué maestra tan pesada!
©Leibi Ng



El profesor
Este señor de corbata
que habla con tan ronca voz
¿será el profesor del curso?
Nadie me dice que no.

Tiene pinta de galán
sus manos se mueven solas,
el borrador y la tiza
maneja como alquimista.

Que si Colón, si Trujillo,
que si Duarte o Luperón...
¿Será que toda la historia
la lleva en su vozarrón?
©Leibi Ng



Todo nuevo

De tiendas me llevaron
mis ingenuos papás
para buscar los libros
que voy a necesitar.

Por aquí me han entrado
salimos por allá,
tantas vueltas comprando
que ya no puedo más.

Mami dice que aguante,
papi dice que "ya",
y mis pies doloridos
no quieren caminar.
©Leibi Ng

martes, 28 de julio de 2015

Y yo no digo un reto.



Si un día pensaba
que escribir era un antídoto,
una fórmula para no morir
de tedio y de dolor;
ahora reafirmo que hay muchos culpables
de que existan seres que no se dan permiso
de amar el verso y de liberar el alma.

No se permiten suspirar.
ni soñar, ni anhelar
porque alguien los reprime.
No se permiten besar el rocío
ni aspirar los perfumes del aire.

En cada ser humano hay una jaula
donde se aprisionan los versos.
Primero son letras como fetos:
deformes y no natas.
Después el sentir y la vida
les insuflan aguas como si fuese sangre
y circulan despacio hasta ensancharse.
Luego les nacen plumas y se expanden.
A su tiempo llega una mirada, una voz,
una caricia de manos anhelada...

Entonces ese pájaro se aviva
y aletea intranquilo en la jaula.
Nada habrá de dormirlo ni aquietarlo
sino el vino que traspasan otros labios.
(Inclusos los del hijo o la hija deseados,
o el fervor de la patria, la compasión tal vez...).

De modo que hay un ave y una jaula.
Un alma que se sabe inmortal y no se alarma.
Un cuerpo deseoso de caricias
y el imán infaltable de otra carne,
tal vez un ideal, soñar ser mártir,
abrazarse a una causa, a una utopía,
a los ojos esquivos que no alcanzan...

Todo se junta en la preñez del verso,
gestación inmortal de las palabras
das a luz desenfrenadamente
con el parto normal o por cesárea,
y hay un día en que todos ya dormidos
podemos observar tranquilamente
como sale aquel pájaro del alma.
©LEIBI NG