miércoles, 3 de septiembre de 2014

Realismo sucio

"Con los pobres de la Tierra
quiero yo mi suerte echar".
José Martí

¿Y qué es un pobre sino un derrotado?

“Pongamos, es un ejemplo…”
que del total de 48,730 km²
se han sumado uno tras otro
los que aún encontrados no se hallan:
neuróticos, solitarios,
suicidas, desadaptados,
víctimas de sus pasados,
golpeados por sí mismos,
marginados, vagabundos,
alcohólicos, abatidos,
poetas eruditos que nunca
publicarán un verso;
revolucionarios que siempre llegan
tarde a la Historia,
ángeles sin alas,
provocadores y masoquistas,
expulsados del cielo;
chinos alucinados,
propietarios de moteles,
comparsas de prostitutas de dudosa sensualidad y lenguas mordaces,
ancianos sacerdotes embarcados en cruzadas
que los dejan vulnerables con su honestidad.
Caben Alekséi Ivánovich de El jugador,
Rodión Raskólnikov de Crimen y castigo,
Bovary, de Flaubert, con todo y arsénico,
Ana Ozores, mística fracasada,
adúltera condenada, chupada por la ciudad
Vetusta vulgar, inculta, farisea, hipócrita,
idealista torturada que perece progresiva
e inevitablemente regenteando la nada.
Charles Bukowski, quien resucitó a John Fante,
unidos para siempre en el realismo sucio,
eterno cuerpo a cuerpo entre la piel y el acero,
entre los puños y el alcohol,
en una maldita fragilidad que sublimiza la importencia
junto a Bandini, Henri Chinaski y todos
sus congéneres desquiciados,
auténticos despreciados,
odiadores de esta sociedad podrida
que apesta más que ellos en su dolor.
y autodestrucción emula de la pureza
de negarse a pertenecer a esta mierda.

“Pongamos, es un ejemplo…”
que del total de 48,730 km²
hoy cabalga don Quijote sin su lanza,
sin escudo, sin caballo, sin consuelo
porque un ladrón de metales
lo ha desarmado fundiéndolas
en una montaña de aguas esmeraldas
que un día no serán más que lava.

©LEIBI NG

Poema con deudas a PORTAL DE UN MUNDO de Andrés L. Mateo
A Franklin Gutiérrez y su reseña de EL CARNAVAL DE SODOMA de Pedro Antonio Valdez
a Wikipedia, por supuesto y a todo lo que leo en Internet
y a mi pobrecita ingenuidad que un día pensó que otro mundo era posible.

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