martes, 26 de agosto de 2014

Fuerza de la luz



Tenía que conformarme con lo dicho.
Disentir era soltar los perros.
Consciente de que mucho me faltaba
tragué en seco y alerté mis sentidos:
yo solita entré en el laberinto.
Intenté ser la mujer deseada,
calmada  acepté mi destino
de no saber hacer tortilla de papas
y pretender que Arguiñano
a mi lado no alcanzaba estatura de niño.

Limpiar,
limpié mis culpas
en todos los rincones.
Me deshice de aromas
con espíritus de Hartshorn
y en cada intento por
brillarlo todo
luz y lustre solté hasta por los codos.

Aquella vida… Mejor dicho no-vida
bendijo el Metro de Madrid con lágrimas
ante la indiferencia de los feligreses
deshumanizados (eso no hay que contarlo:
los inmigrantes lloran todos los días).

Echando a un lado la mala experiencia
mi alma no olvida las horas
en que la luz entraba a raudales
y sólo el amor mío me bastaba
para sobrevivir y un día contarlo.

© Leibi NG

sábado, 16 de agosto de 2014

Osadía

Barbazul:Natalia Verbeke y Lluis Homar
Yo que en el fondo sigo siendo niña
abrazada a tu templo, rodeada en tus columnas...
Redonda entre tus torres refugiada,
aérea en la materia secundada
de varón protector casi saciada.

Dios de mi templo y fuerza que me asiste,
corregidor de entuertos y descuidos
nutritivo y parcial cuando es domingo…
Después de cada viaje, busco aroma de sopa,
en tren, avión o coche…

Con la mordida de cien mil cangrejos
te recuerdo jinete en tu caballo
como el sueño que fue
dimensionado por los espejos de agua
de tus ojos, la blanda mansedumbre de tu espalda,
la firmeza en la voz y la puerta cerrada
donde guardabas cabezas de esposas secuestradas.

Sigo siendo la niña
la que sobrevivió Dios sabe cómo
al desencuentro atroz.
al malentendido,
las sombras de motivos silenciados.

Sigo ciega infantil
sujetando la llave de tus barbas.

Es mi vestido azul como una nube
entre tu negación
y mi osadía.

©Leibi NG

martes, 5 de agosto de 2014

Cocina versos


Poeta Orlando Muñoz, profesor Taller versificación libre.

Y en este chin de mundo de Las Atarazanas 
decidimos recubrir las palabras
con melcocha,
salpicarlas con pizca de alas para dorarlas
en cósmica fritura de versos aguzados.

Ya nos dijo el Chef Saba
que dos y dos sonetos hacían falta
y no conforme aún,
décimas espinelas nos puso ahí en la paila.

Luego llegó Muñoz, un filólogo gourmet,
de sartén por el mango pronunciose
que de los ingredientes hay algunos que faltan
pues ya muchos cocos se han hecho pasar por locos.

El caso es que el amor, la osadía, el recuerdo de alguna cosa triste,
y hasta alegre, echados siempre al gusto, no faltarán jamás
si el verso es libre;
que aunque parezca caos, la cosa es con medida.

Y así de chiquiticos, como párvulos vamos,
escribiendo y guisando
a ver quién a los años les descuenta
la grata distribución de la cadencia.

©LEIBI NG

Ciudad sumergida


Suspiras añorando 
la tierra prometida.
Lago que en un instante 
devoró tus caricias.
Estertores mojados 
chuparon la delicia
de una vida acoplada,
lejana en cima o climax.

Sumérgete y revisa 
las ruinas veneradas.
Allí están los relieves 
del amor permanente.
Nada puede el presente 
borrar de esa ciudad
que en la línea del tiempo 
reclama eternidad.

©LEIBI NG