lunes, 30 de diciembre de 2013

Condotiero



Un reto en tu mirada y al mismo tiempo un ruego;
de lado la cabeza, mides distancia,
-pupila con pupila, ojo con ojo-
vizconde demediado en la batalla,
firme ya el corazón en el costado
listo para acudir a mi llamado
audible sólo en sangre y en cerebro.

Me enlazas con ahínco, con denuedo,
acoplando sonidos de Universo,
conquistas el umbral cerrado en el comienzo
pared contra pared, silentes muros,
tapiados contra todo
lo que no fueses tú, mi amante condotiero.

Lanza tuya y escudo luminoso
-del Paraíso, la vital conquista-
lacerante tal vez, pero certero
como el único ariete en la batalla
abanderada de los diez mil besos.

Tronco que me divide -en bien y en mal partida-
deseosa de librarme de mí misma,
de mi hogar, mi pasado, mi intelecto...
temblorosa gimiendo desolada
para fundirme en el efímero imperfecto,
sitiada por la sal de tus sudores.

©Leibi Ng

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