viernes, 5 de julio de 2013

Insepulta


Una capa de arena tras otra sepultan mis movimientos
Y quiero gritar, mas no puedo
Y quiero escapar, pero no se termina.
Estoy cada vez más pequeña dentro de mi misma
donde tus recuerdos me tienen prisionera.
Es como recorrer por dentro a un gusano espacial:
viajo directo a la caverna de su boca
donde la luz no llega
y me enterraron viva como a una concubina
en mitad de una pesadilla que regurgita en la memoria
son los círculos en el agua
de una piedra lanzada con violencia desde la otra orilla.

Las agujas del reloj arrasan con mis sueños minuto tras minuto;
el mundo es esa esfera suspendida y pendiente en el espacio
que se encuentra dando vueltas sin cesar con una lentitud calculada
que hace flotar los seres y las cosas.

Como badajos desprendidos de mis campanillas
los deja vu crean retruécanos en mi cabeza
¿Cómo fue que pasaron ocho años tan rápido?
Aún me pregunto: ¿qué fue lo que dije o hice para
encontrarme sola caminando a la orilla del río?
Sólo los olmos enfermos me contemplan solos.
Con sus cortezas podridas me miran...
¿Eran palos de flamenco lastimeros los que sonaban
en la banda sonora de mi vida?
Sólo la piel arrugada de mis manos con pecas...

Las fotografías siguen el curso del agua
y la melodía que ahora arrulla el amor
que nace entre dos jóvenes no se comprende;
los amigos partidos por mitad se desvanecen:
¿son tuyos o eran míos?
Se van corriente abajo mudos, mudos...

Al final de este amor
yo no sabía que los árboles en otoño pierden sus hojas
y que su desnudez es tan cruel.

Los despliegues en un caleidoscopio incoloro
multiplican el centro de mi abismo
sin final ni comienzo:
Una dínamo rota veloz tragando anhelos
o es la musiquilla del organillero desdentado de Gran Vía.
Los recuerdos me aprietan la boca
y retornan para volver a golpearme
en este juego interminable de la evocación que no cesa.


Copyright ©Leibi NG

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