domingo, 21 de julio de 2013

Elsa Bornemann, con eterno agradecimiento


Elsa Bornemann. Fotografía de el diario Clarín.
Ella puso palabras
y escribió ilusionada
de células que crecen
y manitas lavadas.

Se metía en las historias
de grandes elefantes
con reyes de años verdes
y miedos aterrantes.

Ella habló de los chicos
que están enamorados
y su luna preciosa
se posó en muchos patios.

Jugó con los fantasmas,
delfines y los gatos;
de su  mano surgieron
dunas, playas, retratos...

un Bruno hecho gigante
y una mujer enana
-que no me gusta nada-.

Elsa, argentina, plena,
de duendes rodeada
diste a la narrativa
razón, pasión y ganas,
dimensión hacia el hombre
de una raza nombrada:

Ser niño no es ser tonto,

ser niño es tener alas.

©Leibi Ng

sábado, 13 de julio de 2013

Muero de amor

Perrault_Leon_Jean_Basile_Cupids_Arrows

Muero de amor y sigo tan contenta
que en mi mortaja versos se acotejan
como si fuese vida y no truncase
el árbol vivo de mis sentimientos.

Mi razonar volcase en este intento
de escapar de Cupido, fiel arquero
firme perseguidor, por demás fiero
capaz de atinar ciego, tan certero.

Consejo, total, que todo mortal
se guarezca infeliz de dicho mal
y porque siempre da mal resultado

que resulta mejor quedar herido
pues vida da al morir en desafío
y al final no se salva ningún vivo.



©Leibi Ng

Partenogénesis


Y esta mirada virginal de quien no espera nada
se posa en las huellas desgastadas
de caricias extinguidas por la llagas.

De la aurora a la noche, el quehacer de las hadas
envuelve el leve llanto de la dama
ensimismada en mí, disuelta en mí, resignada…

No negaré que renació y brotó en nuevo hábitat.
Obligada a crecer, avanzó sin palabras.
Se subió al caracol del tiempo de alambradas
y tendió el corazón en una de sus ramas.

Una apariencia da de risueña y amada
seguros de eso están los pájaros del alba.
Transita como monja de plena caridad
de cama en cama, consolando a las almas.

Solitaria y feroz domina sus manadas
y en ausencia de dos, se retira triunfal, mas derrotada.

Partida en dos, escindida mortal, más que quebrada.

Ella es una y es más, ella misma tal vez multiplicada.

©Leibi Ng

viernes, 5 de julio de 2013

MUECA



Él me enseñó a reír cual las alondras:
Sujeta al paladar del mismo Cielo.
Ajena por completo al desconsuelo
de una Tierra plagada de infortunios
No quiso que posase mi mirada
sobre la servidumbre vulgar o cautiverio,
ni sobre la sangre de la presa
devorada por algunas fieras.
Apartó mi mirada, mis sentidos
de la ausencia de amor, de la congoja…
Me quiso frágil, suave como blanco cisne...
me quiso alba y luz cual risa pura.
Pero a pesar de vivir sólo una parte,
el dolor, la prebenda, la mordida,
desdichado sitial de lo confuso,
emergió de su oscura pupila.
Aunque mirase únicamente al Cielo
de sus ojos, océanos inmensos,
brotó un día el dolor multiplicado
y me arranqué los ojos por no verlo,
y me aparté de él por no sentirlo.
Desde entonces me piden que sonría
pero la boca mal cerrada es mueca
y aunque me eleve al cielo de la alondra
reír sin él ya no tiene sentido.
© Leibi Ng

Insepulta


Una capa de arena tras otra sepultan mis movimientos
Y quiero gritar, mas no puedo
Y quiero escapar, pero no se termina.
Estoy cada vez más pequeña dentro de mi misma
donde tus recuerdos me tienen prisionera.
Es como recorrer por dentro a un gusano espacial:
viajo directo a la caverna de su boca
donde la luz no llega
y me enterraron viva como a una concubina
en mitad de una pesadilla que regurgita en la memoria
son los círculos en el agua
de una piedra lanzada con violencia desde la otra orilla.

Las agujas del reloj arrasan con mis sueños minuto tras minuto;
el mundo es esa esfera suspendida y pendiente en el espacio
que se encuentra dando vueltas sin cesar con una lentitud calculada
que hace flotar los seres y las cosas.

Como badajos desprendidos de mis campanillas
los deja vu crean retruécanos en mi cabeza
¿Cómo fue que pasaron ocho años tan rápido?
Aún me pregunto: ¿qué fue lo que dije o hice para
encontrarme sola caminando a la orilla del río?
Sólo los olmos enfermos me contemplan solos.
Con sus cortezas podridas me miran...
¿Eran palos de flamenco lastimeros los que sonaban
en la banda sonora de mi vida?
Sólo la piel arrugada de mis manos con pecas...

Las fotografías siguen el curso del agua
y la melodía que ahora arrulla el amor
que nace entre dos jóvenes no se comprende;
los amigos partidos por mitad se desvanecen:
¿son tuyos o eran míos?
Se van corriente abajo mudos, mudos...

Al final de este amor
yo no sabía que los árboles en otoño pierden sus hojas
y que su desnudez es tan cruel.

Los despliegues en un caleidoscopio incoloro
multiplican el centro de mi abismo
sin final ni comienzo:
Una dínamo rota veloz tragando anhelos
o es la musiquilla del organillero desdentado de Gran Vía.
Los recuerdos me aprietan la boca
y retornan para volver a golpearme
en este juego interminable de la evocación que no cesa.


Copyright ©Leibi NG