lunes, 27 de mayo de 2013

Nautas

A Farah Hallal en el espacio.

Yo como tú
viajé venas arriba.
Solté velas surcando
la piel de la lujuria.
Desparramé en los mares
el ímpetu de yegua
galopando incansable
por un sueño probable.
Urbana, sí, cosmopolita
me deshice del miedo
y me solté a los aires
en franca singladura.
Del reino del encuentro
me aprendí los senderos
y no tuve sosiego por años
y milenios.
Su voz sorbí cual lluvia
en medio del desierto:
Que sólo éramos dos
en plena muchedumbre.
Era la geografía.
Eran ciudades viejas.
Nombres que se inventaron
para textos de escuelas.
Y era la luz, el tiempo
las farolas, los días
de mirlos y de olmos
de sauces y sorpresas.
Era el cocido, el pez,
los rojos langostinos...
y la amarga retama
perfumando el camino
En la noche, el silencio
y en la mañana, el grito.
Nada fue de verdad.
Ni siquiera mis lágrimas.
Nunca cedió el dolor
ante un amor-escombros.
Con el frío llegaron
lo hijos de la sangre,
demoledoras grietas
sobre mis palmas blancas.
Pero dentro de mí
quedaron las respuestas.
Fui Eva y fui Lillith
-hembra y mujer en una-.
Nadie me cuenta hoy
de la piel recorrida
ni del viejo estertor
ni de arribar al puerto
que anhelan los amantes.
Sobre mi nave hay
restos de sal y herrumbre
pero la luz del faro
sigue alumbrando el Norte.

©Leibi Ng

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