martes, 28 de mayo de 2013

Era un libro pequeño...


Era un libro pequeño
de unas doscientas páginas.
Tenía tapas duras
AEDO era su casa.
Me miraba piadoso desde el asfalto negro
y me ponía “Leyendas del Cielo y de la Tierra":
Atronaba en silencio.
Yo no quería ensuciarme,
Vergüenza es recoger lo que tiran en calle,
Pero el grito era inmenso y era débil mi sangre.
Me incliné con presteza y guardé en mi mochila
el libro maltratado, caído u olvidado.
¡Quién sabe qué destino lo arrojó en el camino!
Cuando llegué a mi casa, ¡Milagro!
Aquel prodigio era el libro más lindo
que entre horizonte y Cielo
Yo había recogido.
De allí salieron santos,
Estrellas, peregrinos,
Reyes y damiselas,
Monstruos, mares, mendigos…
Yo lavé con ternura
Los pétalos escritos y
No fue un libro solo,
Sino mi fiel amigo.
Él me ayudó a creer
aún todo perdido
se derrumbara entorno
de mi frágil destino.
Desde entonces bendigo
las manos que piadosas
en mitad del asfalto
recogen algún libro.


©Leibi Ng