jueves, 30 de mayo de 2013

La gota



Quise exhibir del agua sus bondades
henchir sus gotas a fuerza de mojarme,
llover a voluntad
calar a gusto,
permear el material más impermeable.

Quise ser gota pequeña y constante,
Decidida y audaz,
taladro pertinaz
capaz de hacer
un hueco en el peñón
rígido y fuerte
inamovible mole
sin secarse.

Continué cual plomada
vía abajo
surcando las laderas de montañas,
mesetas y collados hasta dejar mi rastro
perceptible, pues mi fragilidad es inmortal:
Al viento/fuego… ¡Agua le puedo!

©Leibi Ng.

martes, 28 de mayo de 2013

Auxilio


Dame de nuevo el Cielo.
Haz de tus manos, aves.
Recorre con su vuelo
la geografía sedienta
del peso de tu cuerpo
y el agua de tus cauces.
¿No ves que en mí hay incendio;
que la emergencia oprime
y el corazón se expande?
Que tu piel se haga mía
Y mi grito, tu aliento.
Te miro y pido auxilio.
Se ocultan mis palabras
Tras silencioso grito
por repetir tu hazaña
para que inundes todos los poros
que respiran
y matando estas ansias
me devuelvas la vida.


©Leibi Ng.

Era un libro pequeño...


Era un libro pequeño
de unas doscientas páginas.
Tenía tapas duras
AEDO era su casa.
Me miraba piadoso desde el asfalto negro
y me ponía “Leyendas del Cielo y de la Tierra":
Atronaba en silencio.
Yo no quería ensuciarme,
Vergüenza es recoger lo que tiran en calle,
Pero el grito era inmenso y era débil mi sangre.
Me incliné con presteza y guardé en mi mochila
el libro maltratado, caído u olvidado.
¡Quién sabe qué destino lo arrojó en el camino!
Cuando llegué a mi casa, ¡Milagro!
Aquel prodigio era el libro más lindo
que entre horizonte y Cielo
Yo había recogido.
De allí salieron santos,
Estrellas, peregrinos,
Reyes y damiselas,
Monstruos, mares, mendigos…
Yo lavé con ternura
Los pétalos escritos y
No fue un libro solo,
Sino mi fiel amigo.
Él me ayudó a creer
aún todo perdido
se derrumbara entorno
de mi frágil destino.
Desde entonces bendigo
las manos que piadosas
en mitad del asfalto
recogen algún libro.


©Leibi Ng

lunes, 27 de mayo de 2013

Retorno


Me refugié en el sueño
Logré de un solo ojo
Meterme entre tus brazos
Me empine cuanto pude
Para fundirme en sangre
Tu cuerpo se hizo agua
Para encauzar mi nave.
Desvelados en siestas
El sopor de los álamos
Graneado el sol de agosto
Acurrucó el destiempo
mi vientre palma hueca
de continentes varios.
Yo fui rasgando velos
al atrio del templo,
contemplé los cirios
gigantes y el botafumeiro
con su pendular metálico y gangoso
entre nubes que aislaban de viles olores…
La luz de cripta luchaba contra la tiniebla
erigida chocando levemente en los sarcófagos
de nobles endiosados a la categoría del mármol.
Todo mi ser sangró exculpando el dolor
de mis debilidades.
¡Creí! ¡Creí! ¡Creí!
Pero mi fe no me salvó del horror de la carne.
Mis posesiones, todo lo que yo fui a cambio del amor.
Y el amor se alejaba catacumbas abajo,
serpenteaba en laberintos detrás de lo secreto
y me dejaba inerte.
Mi Cielo se hundía.
Se alzaba el desamparo.
Con mi cruz recordaba la falta de recuerdos
en que el cuerpo latía en el vientre de madre…
Antes de mí, ¿quién era?
Antes de este montón de errores, desaciertos…
Maté, robé, porfié… me coroné de orgullo…
El cínico respaldo a mis semejantes…
El hipócrita juego de saber más que el otro…
Yo condotiero, mercenario, luchador y lancerod
de un reino floreciente
tuve dolor hasta perder los dientes.
Me destrocé la lengua para no maldecir mi fe
que era mi fiera: la indomable verdad
royendo mis entrañas en el infierno cierto
De cada madrugada.
De lo alto del trono caí en la servidumbre:
La humana, la más cruel, la más perversa.
Herido de mil dardos, sucumbí a mi defensa.
Descendí por los montes,
Me quemé en el desierto
Y hoy llego a la caverna…
Y sólo ansié el retorno al vientre de mi madre,
Y al fin, ya sin aliento, declaro el territorio
Constante de mi ego vencido.
Proclamo al pie del grito que soy sobreviviente
del llanto sin respiro, de la melancolía gigante
porque soy Hombre-Uno
¡Vencedor de mí mismo!

© Leibi Ng

Nautas

A Farah Hallal en el espacio.

Yo como tú
viajé venas arriba.
Solté velas surcando
la piel de la lujuria.
Desparramé en los mares
el ímpetu de yegua
galopando incansable
por un sueño probable.
Urbana, sí, cosmopolita
me deshice del miedo
y me solté a los aires
en franca singladura.
Del reino del encuentro
me aprendí los senderos
y no tuve sosiego por años
y milenios.
Su voz sorbí cual lluvia
en medio del desierto:
Que sólo éramos dos
en plena muchedumbre.
Era la geografía.
Eran ciudades viejas.
Nombres que se inventaron
para textos de escuelas.
Y era la luz, el tiempo
las farolas, los días
de mirlos y de olmos
de sauces y sorpresas.
Era el cocido, el pez,
los rojos langostinos...
y la amarga retama
perfumando el camino
En la noche, el silencio
y en la mañana, el grito.
Nada fue de verdad.
Ni siquiera mis lágrimas.
Nunca cedió el dolor
ante un amor-escombros.
Con el frío llegaron
lo hijos de la sangre,
demoledoras grietas
sobre mis palmas blancas.
Pero dentro de mí
quedaron las respuestas.
Fui Eva y fui Lillith
-hembra y mujer en una-.
Nadie me cuenta hoy
de la piel recorrida
ni del viejo estertor
ni de arribar al puerto
que anhelan los amantes.
Sobre mi nave hay
restos de sal y herrumbre
pero la luz del faro
sigue alumbrando el Norte.

©Leibi Ng

Oda al mango banilejo


Por Leibi Ng

Voy a cantar a la fruta,
dorada, redonda y ocre,
rebosante en piel cerosa
púrpura, granate o roja
que sin sangre entre las
fibras exuda jugos
preciosos.
Hija de la Tierra hermosa
del Grande Máximo Gómez,
yo me pregunto gozosa:
¿Por qué otro suelo no coges?
Hija de Baní, ovalada,
recuerdos guarda tu pulpa,
desde que la infancia prueba
tu sabor insuperable.
Cuatro mil doscientas hectáreas,
mil doscientas plantaciones
con sesenta y cuatro mil tareas
de nacionales primores,
hacen de tu producción
un orgullo comercial con sabor e identidad.
Manjar de fibrosa carne,
delicioso al paladar;
no puede haber otra fruta
con semejante hábitat.
Fruto redondo entre las verdes hojas
liso, cual lomo de ocaso tropical,
amoroso extiendes tu aroma en el campo
y en la urbe sabes adornar el lugar.
Nada puede competir,
en esplendor y sabor,
con tus variedades mil:
el Bombolón, el Morado
el Pascual; Rico Manzano.
Ni siquiera es de extrañar la Teta
(tan singular), si un banilejo se asoma,
Nada tienen que buscar
Otros mangos de este lar.
Obra de arte entre las matas
el paisaje coloreas porque te ha puesto aquí Dios.
Hay en ti tal perfección
que te juro lealtad y hasta la veneración.
Nunca serás tan sabroso como
en el patio, jugoso escurriéndote
en los dedos de quien te sabe apreciar
y no importa que seas Keitt, Madame Francés
o Yamaguí, todo mango banilejo es
Crema de Oro para mí.
Cuando no es la temporada
te extrañamos un montón.
Buscamos en las bandejas
tu forma oblonga y tirante
y si te encontramos verde
la desilusión es grande.
Pero si maduro llegas
tu olor es característico
al tacto suave te aprieto
y me empieza a dar gustito.
No me importa que seas chico
comparado a otros mangos
más grandes que una toronja
que ofrecen mucho tamaño
y muy poca sabrosura.
Te prefiero pequeñito, ovalado
y madurito.
Y si de semilla hablamos,
se paran todas las aguas,
pues carne y jugo nos llevan
al hueso, que es lo mejor
y no hay placer más intenso
que dejar tu pelo blanco
a dentelladas silentes.
Si de terciopelo se forrara el campo
tú encarrilarías el paso de Dios
para que los hombres supieran
sin duda, del regalo inmenso

que hay en la Región.
© Leibi Ng

sábado, 11 de mayo de 2013

Clepsidra del mal

 
the_world_is_mine_by_angelica_minier
El leve pulso de frágiles dedos sobre las teclas del piano...
sonoro vuelo,
respiro en vilo,
idea en suspenso
sueño disperso
cambio de aire...
los diez tactos se dan paso sin apenas esperar.
En remolinos entra el olvido.
En el abismo crispado del violín desgarrado
la angustia fija de verte difuminado como un fantasma
que no aparece.
Pero en la bruma, en el sonido,
en la mente que no se aquieta
ni sabe descansar hasta que el ángel del desamparo
bajo sus alas cubre de llanto el sonido abrupto de risco ahogado
hundido en la más violenta oscuridad,
fuerte descenso rápido, ríspido
volcado en giros cual desatino,
del pecho sale el potente grito.
In crescendo asciende del abismo
y el mundo vuelve a estar patas arribas
como clepsidra en medio del mar
ecos tormentos viaje de esporas
Do sostenido agudo grito de gaviota desnuda
se pierde en la calma de un mal que no tiene final.


©Leibi Ng