jueves, 25 de abril de 2013

Pertinaz






Queda el dolor de no decir las cosas.
De la náusea causada por la preñez del alma.
Queda saber que no hallarás respuestas
porque signos ausentes no ocasionan afectos.
Ahora que flotas en el ionizado y puro,
sin peso, sin color y sin pesares
supongo que tus ojos ya no tienen
ese lastre con iris anclando tu velero
en el mar resignado del presagio,
ni el azaroso asombro de tu herida de muerte.
Supongo que entendiste lo que quise decirte:
Un hombre que es poeta no tiene que ser débil
luchando por la vida, el amor y la muerte.
En la biblia no escrita de los versos silentes
no pone que hay un canje entre ternura y fuerza,
ni sacrifica un flanco en busca de belleza, de tropos y suspiros.
Aunque no importó entonces ni va a importar ahora
asumo que en el éter no hay aromas de mirlos,
y ni siquiera rastros de humectantes egipcios.

No habrá signos ni pausas
Tiempos ni lejanías
No hay formatos
Ni estilos
Ni géneros
Ni muecas
Ni símbolos
Ni acentos...

Tan solo este silencio
y la ausencia vital
del sudor y el dolor.


Sobre el mármol no más
el pertinaz aroma de tus versos.

©Leibi Ng



jueves, 4 de abril de 2013

Palma hueca


Qué gran aliado es el silencio


Libre tu interpretación me intuye
Soy una palma hueca sosteniendo las notas
contenidas del aire de la ausencia.
No te mezas en la espesura de una estrella
ni te detengas en el ángulo infinito
porque sin dilación llegarás a mi pecho
y te daré de mamar como a un potrillo
que apenas puede sostener el arco de sus sueños
sólo cuando yo quiera.

Distancia y tiempo se trenzan.
Con honda lanzan el pensamiento
ocultando las manos invisibles del azar agitado
del aliento que sale con dificultad 
del órgano que bombea el néctar con que suspiro.
Piensas, existes y te arqueas atrapado de mí
Te confundes en mi paradoja
porque es más sueño en mí.
                                                               
Alimento parásitos en tránsito por tu trémula cloaca. 

Y es todo carne y sebo, venas, tendones, arterias…
Exilio de toxinas necesario suicidio biológico:
matarlo todo para que nazca algo.
Sacrificio suspendido de paloma en vuelo
cuando el mensajero más la esperaba.
Seco y deshidratado en el diluvio eterno de un azaroso y punitivo tiempo.

La bruma preña el ocaso en que se desvanece
tu nombre.

© Leibi Ng
De mi libro inédito: El zombie de las letras