lunes, 30 de diciembre de 2013

Condotiero



Un reto en tu mirada y al mismo tiempo un ruego;
de lado la cabeza, mides distancia,
-pupila con pupila, ojo con ojo-
vizconde demediado en la batalla,
firme ya el corazón en el costado
listo para acudir a mi llamado
audible sólo en sangre y en cerebro.

Me enlazas con ahínco, con denuedo,
acoplando sonidos de Universo,
conquistas el umbral cerrado en el comienzo
pared contra pared, silentes muros,
tapiados contra todo
lo que no fueses tú, mi amante condotiero.

Lanza tuya y escudo luminoso
-del Paraíso, la vital conquista-
lacerante tal vez, pero certero
como el único ariete en la batalla
abanderada de los diez mil besos.

Tronco que me divide -en bien y en mal partida-
deseosa de librarme de mí misma,
de mi hogar, mi pasado, mi intelecto...
temblorosa gimiendo desolada
para fundirme en el efímero imperfecto,
sitiada por la sal de tus sudores.

©Leibi Ng

jueves, 19 de diciembre de 2013

INMADUREZ

Clara Ledesma
Yo no estoy lista aún para el poema.
Me falta libertad, una caricia plena,
un espesor adentro de las venas
y una pasión de vida o muerte entera.

Inmadura me enfrento a esta hoja en blanco
y sé que una mordida tiene fijas mis manos;
que escribo luz y sale oscuridad
en un atronador silencio descarnado.

No está a punto el espíritu profano
que se ve en el espejo y no refleja
cual vampiro de cliché o leyenda.

A mí me falta un campo de amapolas
o montes de romero en primavera...
la hierba hasta el ombligo de La Marca
y una iglesia de milenarias piedras.

Me faltan huellas de mis cuatro abuelos.
Me faltan cuentos de alumbrados sueños.
Una botija enterrada en un patio
y una sortija robada por un sapo.

No veo ciguapas, ni el frío de los ríos,
sales, cocinas, pieles y cencerros…
Cuevas con indios, hispanos fantasmas…

Me falta tanto un beso adolescente
o una avenida repleta de banderas;
un brujo en casa, cuatro o seis dolientes
y una guitarra sin balas ni dientes.

¡En fin, que faltan dos o tres hervores!
Y una mirada aún más transparente
para iniciar de nuevo la escritura
tierna y sincera, sin poses ni dilemas.

©Leibi Ng

martes, 17 de diciembre de 2013

SED


"—Los besos no recuerdan. Por eso se besa de nuevo".
Rafael Américo Henríquez. Rosa de Tierra.

Hablo de sed
cuando pienso en tus labios…
De momentos guardados
en pliegues de mis párpados
que reviven en ti pupila adentro
y existen otra vez como revive
un cuerpo consagrado.

Hablo de entregas y complicidades.
Hablo de aquel calor brotando por los poros
magneto de los huesos
corriente de los besos…
roce instantáneo,
deseos de ida y vuelta
sin interés marcado
apostando a la vida sin pensarlo.

No era la carne.
Eran más que tendón y fibra tensa
fusión de plenitud
sangre imantada
atracción de los fluidos y las células
—buscado encuentro—
como el inevitable amanecer
(tal vez ocaso)
pero cuerpo de luz.
Besos sin precio
rocío en los labios
con más ardor de piel
que el sol quemante.

No era la carne.
Eran ríos descubiertos
fluyendo hacia el encuentro
ya cóncavos, convexos
a lo interno abocados,
y aquella habitación
—penumbra iluminada—
de tu fuego en mi fuego
con esa sed saciada.


©Leibi Ng

jueves, 12 de diciembre de 2013

Ficción del Unicornio


Quiero escribir un poema con blanca seda
que se amolde a mi piel, me siluetee
delineando al compás
el detenido tiempo
de un reloj derretido.
Que huela a mi perfume y suelte aromas
por doquiera que pase.
Que diga "AMOR", "SUEÑO", "EXTRAVÍO"...
locura en buen sentido
y sin respiro
que tenga de las alas polvo y huellas
de mariposas raras.
Quiero que un Unicornio se me arrime
y con su magia me diga con su mirada
que traspasó de la ficción la trama
sólo por darme vida.
©Leibi Ng.

martes, 10 de diciembre de 2013

Y si su mente pura...

 
 
Y si su mente pura
emana cual aroma
el atractivo encanto
del tiempo que no es,
mi piel se extiende toda
para formar dos alas
y en medio de la noche
convertirme en su hotel.

©Leibi Ng Mamá

sábado, 7 de diciembre de 2013

A Él



A Él

Él, da su piel a la luz como un poema.
Se modela en un signo infinito
dejando ver apenas
la quimera.

Él, se entrega en la imagen
subversiva, haciendo más sin voz
y sin palabras
como se da la flor
como se da la paz
como anda el agua.

Él, incesante busca en el destello
la forma de expresar cuanto
la sed aguarda.

Seduce la mirada desafiante
en un grito sereno así, sin eco
como una fruta, un acorde fugaz
una instantánea…

Indomable y audaz
como un moderno Adán
posa en remedo del mentís
y triunfa enmarcado
en el placer de hacer
lo que sale de su alma.

© Leibi Ng

sábado, 30 de noviembre de 2013

Yo misma. Soneto



Botero




Yo misma


Al amor que me ofrece en lejanía
el giro cauteloso de su ofrenda
le digo que soy mucho más propensa
a guardar los tesoros de la vida.

Caricias y palabras lisonjeras
se pierden en la historia de mi oído
pues muchos han querido yacer
tan cerca de mí como el ave del nido.

Sueña dentro de mí una fe tan ciega
tan llena de certezas y osadías
que hay algo inmaterial en la materia

que convierte lo incierto en cosa mía.
Brota el amor por cada poro, brío
porque es la pura vida que me alerta.

© Leibi Ng.
Antología de Sonetos Dominicanos Siglo XXI.
Ramón Saba (Compilador). P. 50. Taller de Sonetos.
















jueves, 12 de septiembre de 2013

Daul Kim, pequeña hermana

Daul Kim dhttp://www.elmundo.es/elmundo/2009/11/20/cultura/1258757413.htmla


Pequeña hermana,
tu saludo para siempre me acompaña.
¡Cuánta separación hay en tu ausencia!
¡Cuán profunda tristeza!
Veintidós años, lujo y glamour,
materialmente ahíta
pero cuánta desolación
en tu apartamento de París
desamoblado de amor y de ternura,
de risas, alegría y entusiasmo.

Pequeña hermana,
¿cómo se te perdió el rastro del hogar?
¿Qué tan lejos pudo conducirte la vanidad
hasta olvidar el aroma cálido de papá y mamá?

Unos años bastaron para deshidratarte
la juventud y convertirte en anciana
con un espíritu vacío y cansado, cansado, cansado...

Hoy en América, Europa, Asia...
y vuelta a empezar para no llegar a ningún lado.
Trapos, trucos, maquillaje, fragancias etéreas y momentáneas,
cócteles, pases, modas, gente, contratos, agentes...
won, dolar, yen, tarjetas de crédito 
(JCB ,VISA, MASTER, AMEX, DINERS, LOTTE).

Marcas, marcas, marcas en tus iris,
marcas en tu alma, marcas en tu cuello delicado y frágil, marcas.

Pequeña hermana.
Deja que el incienso en tu honor
arome tu nuevo camino y acepta mis ofrendas
por tu paz y ese invaluable encuentro
con la mujer que eres y nadie ya podrá manipular.

©Leibi Ng

viernes, 9 de agosto de 2013

Tus frágiles cartas




Como un antídoto a mi desconsuelo,
esperaba tus cartas con denuedo;
un trago de la aurora, escritos eran,
un buen remedio que de angustias y celos

indefectiblemente me salvaban.
Y me iba en soledad misiva en mano
sonámbula, frugal, casi fantasma,
sin otra meta que dormirme en vida,

sin más misión: que tú me despertaras
para morir de amor, a saltos de ojos
y envuelta con tu esquela en las pestañas,

de ilusión revivir letra por letra
impreso en esta mente y en el alma
un siempre tú y yo entretejido en tus cartas.


©Leibi Ng

domingo, 21 de julio de 2013

Elsa Bornemann, con eterno agradecimiento


Elsa Bornemann. Fotografía de el diario Clarín.
Ella puso palabras
y escribió ilusionada
de células que crecen
y manitas lavadas.

Se metía en las historias
de grandes elefantes
con reyes de años verdes
y miedos aterrantes.

Ella habló de los chicos
que están enamorados
y su luna preciosa
se posó en muchos patios.

Jugó con los fantasmas,
delfines y los gatos;
de su  mano surgieron
dunas, playas, retratos...

un Bruno hecho gigante
y una mujer enana
-que no me gusta nada-.

Elsa, argentina, plena,
de duendes rodeada
diste a la narrativa
razón, pasión y ganas,
dimensión hacia el hombre
de una raza nombrada:

Ser niño no es ser tonto,

ser niño es tener alas.

©Leibi Ng

sábado, 13 de julio de 2013

Muero de amor

Perrault_Leon_Jean_Basile_Cupids_Arrows

Muero de amor y sigo tan contenta
que en mi mortaja versos se acotejan
como si fuese vida y no truncase
el árbol vivo de mis sentimientos.

Mi razonar volcase en este intento
de escapar de Cupido, fiel arquero
firme perseguidor, por demás fiero
capaz de atinar ciego, tan certero.

Consejo, total, que todo mortal
se guarezca infeliz de dicho mal
y porque siempre da mal resultado

que resulta mejor quedar herido
pues vida da al morir en desafío
y al final no se salva ningún vivo.



©Leibi Ng

Partenogénesis


Y esta mirada virginal de quien no espera nada
se posa en las huellas desgastadas
de caricias extinguidas por la llagas.

De la aurora a la noche, el quehacer de las hadas
envuelve el leve llanto de la dama
ensimismada en mí, disuelta en mí, resignada…

No negaré que renació y brotó en nuevo hábitat.
Obligada a crecer, avanzó sin palabras.
Se subió al caracol del tiempo de alambradas
y tendió el corazón en una de sus ramas.

Una apariencia da de risueña y amada
seguros de eso están los pájaros del alba.
Transita como monja de plena caridad
de cama en cama, consolando a las almas.

Solitaria y feroz domina sus manadas
y en ausencia de dos, se retira triunfal, mas derrotada.

Partida en dos, escindida mortal, más que quebrada.

Ella es una y es más, ella misma tal vez multiplicada.

©Leibi Ng

viernes, 5 de julio de 2013

MUECA



Él me enseñó a reír cual las alondras:
Sujeta al paladar del mismo Cielo.
Ajena por completo al desconsuelo
de una Tierra plagada de infortunios
No quiso que posase mi mirada
sobre la servidumbre vulgar o cautiverio,
ni sobre la sangre de la presa
devorada por algunas fieras.
Apartó mi mirada, mis sentidos
de la ausencia de amor, de la congoja…
Me quiso frágil, suave como blanco cisne...
me quiso alba y luz cual risa pura.
Pero a pesar de vivir sólo una parte,
el dolor, la prebenda, la mordida,
desdichado sitial de lo confuso,
emergió de su oscura pupila.
Aunque mirase únicamente al Cielo
de sus ojos, océanos inmensos,
brotó un día el dolor multiplicado
y me arranqué los ojos por no verlo,
y me aparté de él por no sentirlo.
Desde entonces me piden que sonría
pero la boca mal cerrada es mueca
y aunque me eleve al cielo de la alondra
reír sin él ya no tiene sentido.
© Leibi Ng

Insepulta


Una capa de arena tras otra sepultan mis movimientos
Y quiero gritar, mas no puedo
Y quiero escapar, pero no se termina.
Estoy cada vez más pequeña dentro de mi misma
donde tus recuerdos me tienen prisionera.
Es como recorrer por dentro a un gusano espacial:
viajo directo a la caverna de su boca
donde la luz no llega
y me enterraron viva como a una concubina
en mitad de una pesadilla que regurgita en la memoria
son los círculos en el agua
de una piedra lanzada con violencia desde la otra orilla.

Las agujas del reloj arrasan con mis sueños minuto tras minuto;
el mundo es esa esfera suspendida y pendiente en el espacio
que se encuentra dando vueltas sin cesar con una lentitud calculada
que hace flotar los seres y las cosas.

Como badajos desprendidos de mis campanillas
los deja vu crean retruécanos en mi cabeza
¿Cómo fue que pasaron ocho años tan rápido?
Aún me pregunto: ¿qué fue lo que dije o hice para
encontrarme sola caminando a la orilla del río?
Sólo los olmos enfermos me contemplan solos.
Con sus cortezas podridas me miran...
¿Eran palos de flamenco lastimeros los que sonaban
en la banda sonora de mi vida?
Sólo la piel arrugada de mis manos con pecas...

Las fotografías siguen el curso del agua
y la melodía que ahora arrulla el amor
que nace entre dos jóvenes no se comprende;
los amigos partidos por mitad se desvanecen:
¿son tuyos o eran míos?
Se van corriente abajo mudos, mudos...

Al final de este amor
yo no sabía que los árboles en otoño pierden sus hojas
y que su desnudez es tan cruel.

Los despliegues en un caleidoscopio incoloro
multiplican el centro de mi abismo
sin final ni comienzo:
Una dínamo rota veloz tragando anhelos
o es la musiquilla del organillero desdentado de Gran Vía.
Los recuerdos me aprietan la boca
y retornan para volver a golpearme
en este juego interminable de la evocación que no cesa.


Copyright ©Leibi NG

jueves, 27 de junio de 2013

Capitán de mi Alma

Nelson Mandela


Vencí la humedad del musgo
en la lúgubre y estrecha celda.
Vencí al dolor reflejado en las pupilas.
Vencí la tristeza que ocultaba la sonrisa.
Vencí el rumor, la calumnia y el desprecio.
Me alcé sobre los montes del prejuicio.
No sucumbí al poder, la tentación ni al verbo
malicioso de los escépticos.
Probé que ser hombre es dominar el miedo.

Oh tierra que te hiciste ancha para aguardarme.
Oh, cárcel que me diste alas para elevarme.
Oh, firmamento que amplificaste el grito de libertad
llevado hasta el más recóndito ángulo del Planeta.
Oh Sudáfrica amada, mezclada en los colores de la siembra
segregada en la distancia de tu infinita sed de paz
me integro a tu paisaje para no desligarme de tu amparo.

Porque eres mi amante, deja que derrame mi semen transparente
por la igualdad del hombre.
Te cubriré con la roja virilidad de mi sangre que es igual
a todas las sangres donde sólo el coraje proclama la verdad.

He preñado las calles de Pretoria de seres dignos
que ya no se valoran por el color de la piel.
No más humillados se apartarán entre sí.
Porque entre todos entonamos el himno
de los sentimientos que nos igualan
izamos la bandera de la justicia
desterrando el crimen del apartheid.
Y aunque el odio permanezca
en las granjas, aunque
la brutalidad salvaje
se niegue a marchar,
ya sabéis el camino.

Y ahora, dejad que permanezca
en cada latido de esta tierra
para recordar a cada humano
la fortaleza de mi verdad
al repetir conmigo:
 "yo soy el amo 
de mi destino
y capitán
de mi
ALMA".

martes, 4 de junio de 2013

Encomienda





Tú, frágil muchacho

rosado y puro
sin marcas visibles
ni colores invisibles.

Sumido en el abismo de las sombras

sé que me piensas;

que con mi aliento alivias

el temblor leve de tu tímida voz

mientras lees presagios inventados

en mi piel de gacela
para ascender al orbe
o bajar a otro cielo.

Con dos lagos azules te me inundas
en la represa rota de tu boca…
Suspiras, me vuelves a mirar
y tus pupilas ocultan lo esencial.

Frágil y tierno
te vuelves a ocultar
en la trágica verdad
de tu encomienda.


© Leibi Ng

jueves, 30 de mayo de 2013

La gota



Quise exhibir del agua sus bondades
henchir sus gotas a fuerza de mojarme,
llover a voluntad
calar a gusto,
permear el material más impermeable.

Quise ser gota pequeña y constante,
Decidida y audaz,
taladro pertinaz
capaz de hacer
un hueco en el peñón
rígido y fuerte
inamovible mole
sin secarse.

Continué cual plomada
vía abajo
surcando las laderas de montañas,
mesetas y collados hasta dejar mi rastro
perceptible, pues mi fragilidad es inmortal:
Al viento/fuego… ¡Agua le puedo!

©Leibi Ng.

martes, 28 de mayo de 2013

Auxilio


Dame de nuevo el Cielo.
Haz de tus manos, aves.
Recorre con su vuelo
la geografía sedienta
del peso de tu cuerpo
y el agua de tus cauces.
¿No ves que en mí hay incendio;
que la emergencia oprime
y el corazón se expande?
Que tu piel se haga mía
Y mi grito, tu aliento.
Te miro y pido auxilio.
Se ocultan mis palabras
Tras silencioso grito
por repetir tu hazaña
para que inundes todos los poros
que respiran
y matando estas ansias
me devuelvas la vida.


©Leibi Ng.

Era un libro pequeño...


Era un libro pequeño
de unas doscientas páginas.
Tenía tapas duras
AEDO era su casa.
Me miraba piadoso desde el asfalto negro
y me ponía “Leyendas del Cielo y de la Tierra":
Atronaba en silencio.
Yo no quería ensuciarme,
Vergüenza es recoger lo que tiran en calle,
Pero el grito era inmenso y era débil mi sangre.
Me incliné con presteza y guardé en mi mochila
el libro maltratado, caído u olvidado.
¡Quién sabe qué destino lo arrojó en el camino!
Cuando llegué a mi casa, ¡Milagro!
Aquel prodigio era el libro más lindo
que entre horizonte y Cielo
Yo había recogido.
De allí salieron santos,
Estrellas, peregrinos,
Reyes y damiselas,
Monstruos, mares, mendigos…
Yo lavé con ternura
Los pétalos escritos y
No fue un libro solo,
Sino mi fiel amigo.
Él me ayudó a creer
aún todo perdido
se derrumbara entorno
de mi frágil destino.
Desde entonces bendigo
las manos que piadosas
en mitad del asfalto
recogen algún libro.


©Leibi Ng

lunes, 27 de mayo de 2013

Retorno


Me refugié en el sueño
Logré de un solo ojo
Meterme entre tus brazos
Me empine cuanto pude
Para fundirme en sangre
Tu cuerpo se hizo agua
Para encauzar mi nave.
Desvelados en siestas
El sopor de los álamos
Graneado el sol de agosto
Acurrucó el destiempo
mi vientre palma hueca
de continentes varios.
Yo fui rasgando velos
al atrio del templo,
contemplé los cirios
gigantes y el botafumeiro
con su pendular metálico y gangoso
entre nubes que aislaban de viles olores…
La luz de cripta luchaba contra la tiniebla
erigida chocando levemente en los sarcófagos
de nobles endiosados a la categoría del mármol.
Todo mi ser sangró exculpando el dolor
de mis debilidades.
¡Creí! ¡Creí! ¡Creí!
Pero mi fe no me salvó del horror de la carne.
Mis posesiones, todo lo que yo fui a cambio del amor.
Y el amor se alejaba catacumbas abajo,
serpenteaba en laberintos detrás de lo secreto
y me dejaba inerte.
Mi Cielo se hundía.
Se alzaba el desamparo.
Con mi cruz recordaba la falta de recuerdos
en que el cuerpo latía en el vientre de madre…
Antes de mí, ¿quién era?
Antes de este montón de errores, desaciertos…
Maté, robé, porfié… me coroné de orgullo…
El cínico respaldo a mis semejantes…
El hipócrita juego de saber más que el otro…
Yo condotiero, mercenario, luchador y lancerod
de un reino floreciente
tuve dolor hasta perder los dientes.
Me destrocé la lengua para no maldecir mi fe
que era mi fiera: la indomable verdad
royendo mis entrañas en el infierno cierto
De cada madrugada.
De lo alto del trono caí en la servidumbre:
La humana, la más cruel, la más perversa.
Herido de mil dardos, sucumbí a mi defensa.
Descendí por los montes,
Me quemé en el desierto
Y hoy llego a la caverna…
Y sólo ansié el retorno al vientre de mi madre,
Y al fin, ya sin aliento, declaro el territorio
Constante de mi ego vencido.
Proclamo al pie del grito que soy sobreviviente
del llanto sin respiro, de la melancolía gigante
porque soy Hombre-Uno
¡Vencedor de mí mismo!

© Leibi Ng