miércoles, 26 de diciembre de 2012

Alquimia



Mi lecho huele a primavera.
Tempranillo es el néctar
-anhelo de beber-
ejerciendo la vida
huyendo de la inercia.
Prendida en este ser hecho de dos.

Mi lecho huele a rosas mañaneras.
Sudor que no es rocío y se asemeja
al tacto de la seda, embriagada
en perfumes tu silueta...

Mi lecho huele a versos
porque de tanto amarte
entre susurros -alquimia
de las voces sublimadas-
se prolongan instantes
en que transmutas la materia.

©Leibi Ng

sábado, 15 de diciembre de 2012

Hora




A ti que no perdonas, a mí que no lo olvido.

Cada sesenta minutos, tuyos sesenta segundos son.
Intensos, afilados se clavan
garganta adentro.
Se hunden en mis sesos;
raíz de madreselva
en ruinas centenarias.
Son sesenta segundos de reintegro:
se repite tu voz,
regurgito palabras;
la broma infantil se vuelve infamia
Tus palabras se agrandan
y yo me hago pequeña.
Vibran mis carnes
de sonido plenas
y hasta versos evoco tras tu eco.
Cincuenta y un suspiros.
Nueve angustias y la afiebrada afrenta
coronada de alfileres potstraumáticos.

IN FER NO

A VER NO

Rojos mis ojos suman
desencuentros
y no recuerdo ni una sola razón
que me sostenga.
Salvaje.
Descomunal.
Insalvable.
Distancia de por medio
sedientos nos mantiene
rabiosos en la fuente
hidrofóbicos, contrarios y oponentes.
A media asta mis párpados mongólicos
saturados de vida se enlutecen.

Ruge mi voz.
Se rompe un cauce camino a mi garganta
Me estalla el grito interior
y en sesenta nudos
sesenta dentelladas
fermenta la mentira abierta que me espera
al darme cuenta de que mi remedio
es la causa mortal de mi futuro.

© Leibi Ng.