lunes, 26 de noviembre de 2012

Boomerang

Princesa Tarakanova 




Probé la sal de tus minas.
Mi lengua transportó diamantes.
Sin ser punk, gótica ni metálica,
me prendí piercings en las papilas
con tu nombre, tu tipo de sangre,
tu ADN y el iris de tus ojos pardos.
Sin ser ninfómana me enredé en la adicción
de tu lento vaivén sobre mi cuerpo
(siempre sediento de tus aromas).
Sin ser cristiana, confesé mil veces
los más secretos misterios de mi anverso...
Para encontrarme yerta en ostracismo,
donde la cruda espera del amor saciado
recibe el siempre cruel boomerang de lo incierto.
Y el golpe dado me dejó lejos de tus minas;
me expulsó al infierno
donde crujen mis dientes y
ya no hay sal
ni luz
ni retorno.

© Leibi NG

domingo, 18 de noviembre de 2012

Bicho


Hogarth_The_Distressed_Poet
artgalleryabc.com


Este bicho mordaz que me ha picado
no me deja ni a apagón ni a luz 
de una triste bombilla trasnochada;
me escuece su aguijón desde un lugar no hallado
que sin embargo existe aunque no sepa
dar con su áurea de fuerte resplandor en mi cabeza.
Yo no tengo conciencia del momento
en que atacó mi piel, se vino adentro
y no hay remedio capaz de apaciguarle
porque es nigua, es abeja, es avispón de enero,
es culebra o caimán, en fin, engendro.
Puedo estar muy tranquila trabajando
y su fuerza me agita tristemente
como se agrandan las melancolías
este rubor me crece tripa adentro.
¡Ay! Si tan sólo pudiese destrozarlo,
hundirle ahí mis uñas hasta vencerlo,
quebrarle cada pata, destrozarlo
no dejarle ni abdomen ni cerebro.
¡Oh bicho que no enriquece nada
ni me deja producir despierta;
a la ruina me lleva, desgraciada
por estar solamente deletreando,
contando sílabas, dizque buscando versos.

© Leibi NG

Firmeza



Boris Lipnitzki
Madame Grès, Sculptural Fashion, New York, 1939
Gracias a Ντέιαν Ραντιβόγεβιτς


Mírame ahora como a una estatua fría.
Ya no corro a la puerta a recibirte,
no importa que regreses de ti mismo.
No exijo que me llames en tus viajes.
No espero que me digas dónde has ido.
El silencio comprensivo reina
en un hogar escindido.
Ya no importa el aroma de mi pelo enredado
entre tus dedos, ni la mirada audaz
expresando el deseo...
No sigo ya tus pasos
ni hurgo secretos en los escondrijos
no me desafían los misterios de novedosas llamadas
ni los apresurados imprevistos de cosas olvidadas.
Sé de qué vas. Conozco la jugada.
Un paso por delante te adivino
finjo que no sé nada y permanezco
como el mármol frío.
© Leibi Ng.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Igualdad




Mi idea de igualdad
pasa por verte llorar,
sin ocultar las lágrimas,
cuando en tu fortaleza
abrazas mi debilidad.
Sintiendo tú lo que mi pecho siente.
Dándote ánimos yo, en el ocaso de tu fe.
Alterna junto a mí, la niñería de reír sin parar
ante la absurda vida que sosobra en la nada.
Recupera mi humor cuando esté derrotada...
Mi idea de igualdad pasa por darte
las flores coloreadas de mi fértil mañana
para que sean de ti, como son mías.

© Leibi Ng.

Dama de luto


A Dejan Radivojević

Nunca pensaste que su amor tan tierno
causaría los estragos en tu vida.
Aquel cuerpo pequeño amamantaste.
Él te dio todas las alegrías.
Pero creció y las ideas bordearon
el plano familiar, fácil, seguro…
De pronto las polémicas y el miedo
se hicieron parte del hijo hecho hombre.

Viajó, con él tu angustia.
Predicó, tú, discípula primera.
Convenció, contemplabas y callabas.
Crecieron también sus parábolas.
Los seguidores arroparon sus prédicas
y despertó el dragón de las conciencias.

Llegó el tiempo en que tus venas
se vieron desangradas por la pena.
Calaron por tus huesos las angustias
destrozaron tus nervios, tus arterias
Fuiste un solo lamento, una dolencia.
Un ramalazo a carne descubierta.
Nadie podía curar tu horrible malestar
Y el daño se internó más allá
de lo humano, rebosando tus glándulas,
órganos, sentidos... tu anatomía entera
al vivir el sufrimiento de tu hijo.

¡Oh, Dama del Dolor que me contemplas!
¡Oh mujer que trasciendes todo mal!
Han podido golpear todos tu huesos
pero calmada miras al verdugo
pregonando en la luz de tus pupilas
que pueden destrozar tu cuerpo entero,
pero jamás el corazón sereno que aún palpita
atravesado de padecimiento.

Leibi Ng