domingo, 16 de septiembre de 2012

Miranda



Ella tiene el vestido forrado de esmeraldas
sus pendientes son nubes frescas y perfumadas
de su falda diamantes reflejan cristalinos
el brillo de las aguas, las flores y los trinos.

Ella, aún bajo lluvia desprecia las sombrillas
porque la lluvia lava el verde que le agrada
de mármol puro y liso se revisten sus piernas
y aún sentada emana su majestad, la calma

Miranda no anda sola, como toda una dama
se acompaña de amigas que la cuidan y alaban
las nubes juguetean a taparle la cara

pero ella las despeja, así sin decir nada.
Yo quisiera, Miranda, dormirme entre tus ramas
y evitar que un mal viento te levante la falda

que jamás una lanza taladre tu cintura
que nunca te perforen por ferro ni por níquel.
Eres tan bella así, tan elegante y alta

que yo no entiendo a esos mineros de las sombras
cuando tú sola mandas a recorrer los valles
siempre con el tesoro que hay en tus aguas mansas.

© Leibi Ng.