martes, 28 de junio de 2011

Te invoco como a un mantra

En el horóscopo chino, soy caballo. Me enamoro de causas imposibles tal vez porque siempre quiero ser  LIBRE.

NO SE ME VA TU NOMBRE
no se quita,
no hay forma de borrarlo o desterrarlo.
Se ha clavado en las sienes como historia incestuosa o de morbo -que es la que permanece-.
Tenaz en la costumbre, regurgita y sabe tanto a ti como tu aroma. Por eso las paredes
se sorprenden cuando miro a los lados buscando como loca tu persona.
Te quiero vomitar y no consigo la arcada que te expulse de un buen chorro.
Mira que yo me afano en extraerte
pero te hundes aún más
como el secreto
que un día me confiaste.
Como la sangre coagulada en una herida abierta
no cesa la hemorragia de tus letras
y no me vale nada extrangularlas
separarlas por sílabas, taparlas...
Llegué incluso a colgarte, cual pañuelo después de echarte un frasco de legía
y fue tal el arraigo de tu nombre
que terminé más pálida que un lirio:
blanca yo cual fantasma; firme tú en negativo.
Otra vez te escribí mil veces, destrozando el papel
llena de rabia y luego lo doblé pliegue por pliegue
para enterrarlo en un pomo de dura porcelana.
Te hundí, te hundí, te hundí...
de tierra pisoteada y luego
regresé borrando huellas para no retornar jamás al prado.
Pero esa noche, al posar mi cabeza en la almohada
en un momento, ¡ay! un breve instante propio
te volví a pronunciar y fue como romper
de nuevo los cerrojos. Entre llanto y dolor
grité una y mil veces más tu amado nombre
vencida porque sé que en carne abierta
gangrenada estaré hasta que un rayo
me cercene.
© LNG

1 comentario:

Clo dijo...

deja de fingir el olvido. no se olvida lo que se quiere...