martes, 12 de abril de 2011

¿Qué hago escuchando Jazz?

De pronto me despierto con un diálogo interno. Lo que vivo, ¿es lo cierto? Hay colores y olores y me entran por los ojos miles de objetos y suena en mis oídos la voz del hombre negro que lucha con la música a cuál irá primero. Todo tras la esperanza, todo buscando un asta para izar la bandera de los sueños. Los coros, las voces, los agudos constantes y las respiraciones jadeantes... vidas, épocas que no están y se niegan a escapar. Podría bailar, podría llorar, podría caer doblada por la nostalgia y la melancolía de una raza, una historia, una injusticia viva que arrastra tantos muertos... y ellos persisten in crescendo... Pero no. Se impone la alegría. Se sobrepone la vital existencia de la carne curada de sus magulladuras y entre amapolas corren las piernas que se estiran como gacela en África, como caudal del agua de pasiones que mueve las ruedas de la supervivencia... suena, suena... apoteosis frena; el coraje baja de tono hasta llegar a la dulzura y cesa.

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