sábado, 5 de marzo de 2011

Al soldado alegre que regresó cadáver


Te asignaron las armas
y un destino en el mapa
atravesaste el mundo donde el dolor quemaba.
Una paz negociada, una misión firmada y una voz escondida ocultando el dolor.
Señores de la Guerra te ofrecieron la ardiente bebida del desierto.
Te retrataste alegre con el turbante de los talibanes y
en todos los horarios buscaste entre las piedras las armas solapadas;
tu comida fue el polvo y tu reposo el sitio quieto como la muerte de los tanques rusos,
vencidos mucho antes por guerra de guerrillas
en tierras complicadas que por mucho que estudien no acaban de entender.
En el cielo despatillado de estrellas refulgentes
anhelaste confundirte con el camastro en el hospital frustrado;
desintería perfora los intestinos sanos
y tú no eras consciente de que esa fiera guerra
te iba a llevar con ella.

Entonces tu salario no sirve para nada.
Hoy un casco guerrero adorna este librero
y una mochila perforada resguarda tu condecoración.
©Leibi NG

(aún me siento ridícula poniéndole copyright a un sentimiento).


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