viernes, 25 de marzo de 2011

Hay poesía

Humildemente observo
el paso del segundo
y comprendo
que existe la poesía
para apresar al sentimiento.

Pero él se quiere ir...
aborda incuestionable
su vocación de olvido
y como el agua mansa
(mas no esclava)
se cuela hacia la nada
                         y el silencio.

Entonces ideamos
                   las palabras

y una rejilla suave
cuadricula su urdimbre
colando en cada verso
                     pedacitos del alma.

Una noche como esta
unos ojos que saben de frases y alfabetos
desentrañan la trama
y esa esencia vital,
                      el pensamiento,
le vuelve a dar aliento.

Renace en una llama de alquimia y nuevo tiempo
se posa en la mirada desentrañable, eterno...
y enciende nuevamente

                            el sentimiento.
© Leibi Ng

miércoles, 9 de marzo de 2011

Le petit mort (con variante)

Desde el centro del cuerpo agradecido
El simple regocijo
De esta sangre que fluye demencial torbellino
suena a mil decibeles el eco de la noche
en dos que vueltos uno
dejan ya la epidermis de revés
de larga espera recobrada y tierna
con la firme caricia
entrecortada y cierta
del deseo desatado
galopan en los cuatro
posibles remaches de
la vida que no se inhibe
aunque se sienta próxima
la misma muerte
Se acomoda el descenso
en la cuesta del beso
y se arrastra tan lento
por la humedad del tiempo
detrás de su sosiego.

********

Hondo
     Que se me va

del cuerpo agradecido
el sutil regocijo
demencial torbellino
de esta sangre que fluye
sin comienzo ni fin
encerrada en lujuria
el eco de la noche
hace tronar suspiros
uno solo corpóreo
se fusionan los huesos
el deseo desatado
por ansias reprimido
galopa con la furia
entre piernas y muslos
donde no existe nada
que no sea la vivencia
audaz se hunde
con fuerza en el abismo
incierto que expira en el descenso
de la pequeña muerte que hoy
te rinde.

sábado, 5 de marzo de 2011

Al soldado alegre que regresó cadáver


Te asignaron las armas
y un destino en el mapa
atravesaste el mundo donde el dolor quemaba.
Una paz negociada, una misión firmada y una voz escondida ocultando el dolor.
Señores de la Guerra te ofrecieron la ardiente bebida del desierto.
Te retrataste alegre con el turbante de los talibanes y
en todos los horarios buscaste entre las piedras las armas solapadas;
tu comida fue el polvo y tu reposo el sitio quieto como la muerte de los tanques rusos,
vencidos mucho antes por guerra de guerrillas
en tierras complicadas que por mucho que estudien no acaban de entender.
En el cielo despatillado de estrellas refulgentes
anhelaste confundirte con el camastro en el hospital frustrado;
desintería perfora los intestinos sanos
y tú no eras consciente de que esa fiera guerra
te iba a llevar con ella.

Entonces tu salario no sirve para nada.
Hoy un casco guerrero adorna este librero
y una mochila perforada resguarda tu condecoración.
©Leibi NG

(aún me siento ridícula poniéndole copyright a un sentimiento).