viernes, 31 de diciembre de 2010

La quinta


Yo amé a Parménides por quinta vez.
Hice viajar mi mente en sus proemios
y deslicé la mano entre sus rizos tibios:
quedé varada entre el ente y las apariencias
en medio del ágora marmóreo.

Yo degasté mis sandalias de piel de cervatillo
recorriendo el sendero de sus palabras.
Estiré el cuello tratando de entender
los aforismos surgidos de su voz:
no hubo mayor empeño en todo el Hélade.

Transité por la resplandeciente arena del desierto
sorbiendo el rocío de sus labios;
llegué a pensar que era verdad real
su cabeza yaciendo a mi costado.

Navegamos el río donde Heráclito
se vio dos veces en la transparencia
y coincidimos en el mismo puerto
antes del quinto encuentro.

Yo amé por quinta vez la idea
pero una cosa es ser y otra lo etéreo
me encontré en la oscura madrugada
sorbiendo sales de mi propio cuerpo

Yo amé por una vez
ahora me acuerdo.

© Leibi Ng

martes, 21 de diciembre de 2010

Turgente, acuática, firme...


Turgente, acuática, firme...
...desbordada,

Soy la vida que se erige en oleadas
Soy el clima imbatible ante la muerte
Soy la fuerza de la espera finalizada.

No me nombres
Soy el tiempo, génesis y síntesis
Soy la crónica de los hechos que no narras
En mí se descubrió el verbo y la palabra cantada.

Yo te beso y en mi luz se desparraman madrugadas de suspiros encendidos como cocuyos de lava.

Y si emerjo, de dos lunas brotando: sangre y agua, miel y leche en abundancia
No me temas
Dunas nuevas moldeadas son la dicha y el placer

Amado, sólo tú puedes traerme la albahaca,
manojos de yerbabuena y romero bautizados de rocío.

Yo te espero cobijando en mis pestañas
la ternura de mi vientre habitado
por sonrisas y alboradas.

© Leibi Ng

Cuadriga

Mi alegría, mi llanto, mi vida, la nobleza


Apreso dos tiempos:
Uno en que yo misma me encontré escuchando el Universo
Otro en que tus letras se hicieron bolero.

Hoy siento lo mismo que en aquella tarde:
pulso disparado y el júbilo de la sorpresa,
mi árbol ilumina la estancia dormida.

Un árbol de vida verde, azul turquesa,
un murano frágil de belleza nueva
lo más cerca tuyo
el amor certero que cruzaba el cielo
volaba, volaba sobre un mar en calma
sonreía blanca como una gaviota
abría sus alas con su envergadura
como carta blanca
como una esperanza
aromatizaba mis noches despierta

No hacía falta lumbre, ardían tus palabras
No me alimentaba, de ti estaba llena
No había nada, nada que me hiciera falta
Ni la vulgar vida me amarraba al suelo

La cuadriga vino, piafó en mis aceras
robustos, briosos, corcovearon vivos
se inundó la calle con firmes relinchos
me monté a la grupa, me comí el desierto...

Pero volvió el ruido
mi interior de nuevo se llenó de objetos
nadé entre cacharros, estiércol, culebras...
oscura la senda, lloré en el vientre metálico
del gusano atestado rodeada de zombis.

Soledad extraviada, se llevó mi paz
angustia monstruosa, campo de batalla
¿todas las que aman beben luz y mieles
para en el patíbulo su dicha pagar?

Ah, luz, no me faltes
ahora que todo son viejos recuerdos
mi sonrisa es plena, mis sueños tranquilos,
mi andar más sereno
y mis cicatrices se olvidan adentro.

© Leibi Ng