lunes, 20 de septiembre de 2010

¿Pasó o no?

He leído que al escriba lo analizan
y de un modo u otro, al cabo de los años,
se sabe si escribía ficción o vida misma.
Qué fue homosexual, que fue lesbiana,
que robó, que mintió, que fue un filántropo,
puede ser que su vida, una pantalla, le ayudara a ocultar
su pederastia... o quizás que generoso, su fortuna legó al orfanato.
Pero yo no me esfuerzo más, pues tan humilde, soy una simple gata
que aprovecha lo que la tecnología pone al alcance de cualquiera.
Supe que la gente verbaliza para entenderse a sí misma.
Yo escribo por lo mismo, y de paso palabralizo.
Si el verso brota desgarrado
Creerán que es autobiografía?
Y una vez que nos quitamos las manías
http://pedropalencia.blogspot.com/
de ocultar y mentir a cualquier precio
¿a quién le importa si esta letra mía
fue verdad o es invento?
Tanta calamidad me pisa los talones
Y no amanece nunca
Ni deja de caer esta llovizna
como si se tratara de otro pueblo
conocido una vez, reconocido.
Y cuando estás así. Cuando no puedes más
se obliga uno mismo a contestar.
Lo peor que me puede pasar
es que un rayo me parta
es pisar un alambre electrificado en medio de un gran charco
que me trague la boca de la tierra
que al pasar, un tronco de árbol se desprenda de raíz y me aplaste
que el río se desborde y me arrastre
que un narcotraficante me use de mula
que me convierta en amante de un ignorante...
pero lo peor de lo peor de lo peor
es saber que sigues respirando todavía.

Yo tenía un marido bueno
tan bueno, tan bueno como solo existe en los sueños.
Una cocina donde se guisaban las tagarninas
Y un arca de refrigerador que atesoraba los garbanzos.
Yo tenía un piso tres, que en realidad era cuatro
Unas ventanas que un día me atreví a desmontar a fuerza de resuello.
Una mesa redonda que llamaba camilla con un hueco en el centro coronado de patas
Un bracero escondido y un disco de calor que me salvaba de morir helada
Yo tenía una televisión donde veía viejas películas del oeste americano
dobladas al español, por supuesto, donde los vaqueros decían “vale” y nunca “okey”.
Había un tresillo donde aplicaba la reflexología a unos pies ajenos que yo creía míos.
También, de vez en vez, los floreros tenían claveles rojos y una alegría de luces acompañaba el trinar de los canarios, que aunque eran varios, en realidad era uno y un día amaneció muerto.
Había a mi disposición unos ventanales que miraban los plátanos pelados en invierno pero en primavera se llenaban de mirlos negros que venían desde el río;
un verano, a los murciélagos les dio por anidar en casa y uno de ellos quedó hecho una bolita en el agua donde tenía la rosa del desierto. Otro, chiquitito, murió buscando el frescor de la fregona húmeda.
Tuve una gata de angora con un ojo azul y otro amarillo llamada Lola. Algo le debo.

Era hermoso pasear de noche respirando el aroma de las madreselvas. Había una paz que yo anhelaba cuando de moza paseaba por las calles de Gazcue y ahora se esfuma tras el esfuerzo de un progreso extraño.
Yo tenía la mejor cama del mundo: ancha y plana. Difícil de hundir… era distinta
Como la cama que servía para brincar lo más alto posible haciendo rabiar a mamá.
Una cama que sólo en sueños tuve. Una vida que yo solo soñé.

©Leibi Ng

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