jueves, 15 de julio de 2010

Unicidad


Cuando era niña, en aquella azotea de la Luis Reyes Acosta,
la mata de chinola no impedía ver la estrellas
ni los letreros de neón del Queen.
¡Qué deprimente la calle con sus bombillos amarillos!
Un olor a comida china competía con el aroma de cebollas fritas...
Yo contemplaba la noche y me sentía como una hormiga en medio de un viaje planetario.
¡Oh Dios, mi pequeña humanidad rendida a tu maravillosa obra!
Los carros de la 17, en tráfico continuo eran un campo de batalla en donde mi hermano
King Jong voló por los aires, rotos los huesos....

Ahora, miro a la noche de igual a igual y ya no siento mi pequeñez
a la conquista del planeta poblado
para cuando tú quieras yo me fundo, una e indivisible con la nada o el todo
Entonces veremos quién es quién.

©Leibi NG

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