domingo, 13 de junio de 2010

Inventarse un abuelo


Yo no tuve abuelos. No en mi memoria
me negaron sus imágenes, sus caricias y sus cuentos.
Ni siquiera una fotografía en la edad precisa
No existe en mis recuerdos una mirada, una frase, un gesto...
Nada de que acordarme
Nada que reprocharme
Ninguna hazaña para vanagloriarme
Pero en toda la infancia leyendo en libros de textos que la familia contaba con un padre y una madre, cuatro abuelos y muchísimos hermanos, yo me inventaba lo que me faltaba.
Cenar todos a la vez ¡Ah, qué emoción! Escuchar esa voz:
"Baja los codos de la mesa" que nunca penetró en mis oídos.
Hubo ancianos en mi vida memorables para bien o para mal.
Ángeles y demonios en el paraíso y el infierno de la evocación que regurgita en automático desde un cerebro desmedrado
Malhechores y bienhechores para afianzarme el mito
del bien y el mal
Yo no tuve abuelos porque lo que no se imagina no existe
y mi padre estaba tan cansado que no tenía energías para acariciarme, ni hablarme, ni mirarme...
¿Es esta la cara del padre de mi madre?
Puede ser, tal vez,
La cuestión es que con él viene a mi vida
la transferencia nueva del amor que pudo haber cimentado
al dar vida a mi madre, en este caso,
y si él estuvo, ella existe
y por ella, yo estoy.
Al fin y al cabo
Si no te recuerdo. abuelo,
siempre podré inventarte
aunque no lleve tu apellido.

©Leibi NG

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