martes, 13 de noviembre de 2018

El mito de la primera vez


Parece que la moda de pensar en pureza
se ha relegado al cuarto de cosas olvidadas.
Agacharse en el auto, al tiempo de la entrada,
es un gesto inútil porque a nadie importa
tu enorme frustración…
Las bocinas repiten eterno Julio Iglesias:
“Lo mejor de tu vida me lo he llevado yo”…
Y resulta que ella fue la que te llevó.

Que tú fuiste el primero ¿a quién importa eso?
Al cabo de esa noche no hubo más que tensión.
Demasiado temor, por ignorante y casta.
Así tan desvalida supo que poseía un poderoso ejército
de contraídos músculos, firmes en la defensa,
impidiendo la toma del cáliz deseado.

A partir de ese día, la música ambiental
te resulta muy chopa;
palabras como “papi” no puedes soportarla;
mucho menos “tan rico”; y ese “dámelo todo”
tan estúpido y rígido…
Las ventanas que giran son invento del diablo;
el intercon, la entrada de la voz de un psicópata
y cuando en las noticias dicen que una pareja
falleció en la cabaña con una muerte dulce,
tú repites la escena de la primera vez.

Lo que quedó plasmado, pecado de impotencia,
porque en vez de sumisa, tenías la mujer tensa
y tú te diste cuenta de que no toda hembra quería abrirse de piernas ante el ímpetu bestia de tu amoroso ardor.
©Leibi Ng

jueves, 8 de noviembre de 2018

YO IRACUNDA



Yo iracunda. El día apenas empieza y yo rabiosa
desaforada dentro de un cuerpo tan pequeño.
Princesa del guisante, quisquillosa,
me han abierto la puerta. Vengo de la tormenta.

Yo iracunda (a gritos voy pidiendo que me ayuden
porque mi piel es poca para tanta furia).

Mi cerebro agoniza en las contradicciones
(efímera dialéctica, no le da paso al sueño).

Y no obstante, yo sé dentro de mi cabeza
que justifico el grito aunque insonoro.

Nadie me ayudará, lo sé de cierto:
sigo estando más sola que la una.

Todo Santo Domingo se organiza como en un cementerio
y el carnaval anuncia que ya arriba con su color de circo.

Agoniza el Ozama con mi pena. El litoral
es un coco partido que al infinito burla
mis torpes preguntas con sacar y meter
en boca de arena las incesantes olas.

Un horizonte vasto se ríe de mi ira
y el buque gigantesco se aleja a la deriva
a recoger estrellas de otras vidas.

La muerte en mí escondida ahora me tiene pena.
©Leibi Ng

lunes, 5 de noviembre de 2018

Ofrenda



A partir de la gota de rocío
resbala la oración de la confianza
transparente
cercana…
Sacia la sed del alma.

Cosecha
Frutos, frutas de la tierra
de flores brotan cercanos
tributo en tiempo y espera
estaciones, lluvia y tacto.
Maíz que madura al sol
desgranado por las manos.

Canela, anís, la miel…
sabor, aroma y sueños.
Color, pétalos en agua
en regalo al infinito.

Pan
Migas de masa blanda
debajo de la costra
del cuerpo símbolo son.
Esponja que se hidrata.

Sal
De la frágil inocencia
madura en casa trancada
sabor de sudor y lágrimas
granos, diamantes, pedradas,
sabiduría de la raza.

Paisanos
Antepasados, ancestros
enmarcados en recuerdos
Sensaciones, risas, rostros…
rincones de tierno verbo
con el vino aún en los labios
y la música por dentro.

Manjares,
frutas,
suspiros
sabores de arrepentidos
para volver a la vida
a quienes se han despedido.

Flores
Frágiles, sencillas.
diseñadas a terso vuelo
multicolores o no, tibio cáliz
fino talle, unidas son un consuelo.
Aroma y fragilidad
efímeras, pasajeras
como hoy se ven se verán.

Fuego
Velas, cirios, candiles…
flama ondulante de aromas
Perfumes que son esencias
vida que en cada pabilo
llena pulmones de alivio.
Aspira y sopla ese fuego
iluminando el sendero.

Agua
Retorna en círculos sin piedras
semen, lágrimas, saliva,
orina de madrugada, agua,
agua transformada
destila purificada
en ojos humedecidos,
en sudor, en llanto, en grito…
Agua: tránsito de aquí a la nada.
Agua: Fe de nuevo en tu mirada.
Agua en la tumba, en la cuna,
Agua, brilla, luna como doble espada.
Surco que la tierra preñas,
serpiente que en cuevas andas
Agua del monte y la sierra,
agua rota, útero de agua.
Rompe fuente en nueva hora
y al grito ¡VIDA! retorna
Agua, subterránea,¡AGUA!
©Leibi NG

lunes, 22 de octubre de 2018

EL AMOR A LA VIDA COMO EPOPEYA Por Efraim Castillo

Efraim Castillo, publicista, dramaturgo, novelista, poeta, ensayista, asesor mercadólogo...

Fue Ramón Oviedo quien me habló de una chinita que vivía en Villa Francisca, cuando desarrollaba una campaña para la marca de tenis Paseo, fabricada por la firma Celso Pérez. En aquella campaña tenía la idea de vulnerar la prohibición de la entonces Secretaría de Estado de Educación y Bellas Artes, que impedía el acceso a las aulas con ese tipo de calzado, sólo admitido para las faenas deportivas.
Cuando llegamos a la residencia de la chinita, ubicada en la calle José Reyes —que se bifurcaba con la Jacinto de la Concha, en Villa Francisca—, Ramón Oviedo, señalando a una hermosa jovencita, expresó:
—He ahí a Leibi, Efraim. Ella es la jovencita de quien te hablé.
Aunque no esperaba nada especial de aquella chinita de doce años, salvo su utilización como  modelo en la campaña de las zapatillas, al conversar con ella experimenté un inmenso asombro al contemplar sus ojos rasgados pestañear al compás de sus palabras y la gesticulación de sus manos. Supe, entonces, que en Leibi Ng se albergaba una inteligencia fuera de lo común, aureolada por una nobleza fuera de lo común.
Terminadas las sesiones fotográficas, publicados los anuncios e investigados sus resultados (que resultaron altamente provechosos), invité a Leibi a que visitara mi agencia y se incorporara a los trabajos creativos. Tras unos meses laborando junto a mí, sus estudios le impidieron continuar asistiendo a la agencia y la perdí de vista por un tiempo, enterándome de su matrimonio —algunos años después— y su posterior viaje a España. 
Sin embargo, cierto día en que abrí el correo electrónico (¡Oh, maravilloso Dios!) me encontré con un mensaje de Leibi Ng, ya convertida en una hermosa mujer, quien me saludaba e invitaba a incursionar en el prodigioso mundo del ciberespacio. Unos días más tarde me sorprendí cuando descubrí que yo era un bloguero gracias a Leibi, quien me creó un blogs y publicó algunos de mis trabajos literarios en el espacio virtual, enseñándome a insertarlos en el blog recién creado. Y aunque sabía de su capacidad creativa, nunca imaginé que aquella hermosa chinita fuera capaz de albergar tantas cualidades para procesar producciones estéticas, amén de desarrollar admirables aptitudes sociales, justo allí en donde se desangran y diluyen los cenáculos de intelectuales.
Hoy, Leibi Ng, crecida como ser humano, crecida como un ser cuya bondad ha socorrido a decenas de personas perdidas en el caos de las búsquedas estéticas; como un ser al que le duelen los desamparos infantiles y las fatigas que producen los abandonos y las pérdidas pasionarias, emerge como una exquisita poeta.
Porque en cada poema de Leibi Ng se mueve la vida, edificándose su canto a través de las evocaciones, de sus sueños y melancolías. En sus cantos crecen esas epopeyas diarias que se pierden en el Trafalgar de las urbes, porque en sus poemas grita al amor por la vida, por esa vida que forma parte integral del poeta en el tejido del texto y, por lo tanto, que transforma y subvierte su propia vida.
En Ficción del Unicornio, el poemario de Leibi Ng, cada verso conlleva un movimiento desde y hacia la vida, transformándola, deshaciendo y haciendo su propia historia, catapultando hacia el lector los misterios, goces y sueños, atrapados en su lenguaje. 
No, no me equivoqué al predecir lo que devendría en Leibi Ng de continuar aquellas pesquisas, aquellas indagaciones sobre las curiosidades que se abrían frente a sus ojos, llevándola a desahogarse —cuarenta años después— a plasmar como un fulgurante destello:

Apreso dos tiempos:
Uno en que yo misma me encontré
escuchando el Universo
Otro en que tus letras se hicieron bolero.

Hoy siento lo mismo que en aquella tarde:
pulso disparado y el júbilo de la sorpresa:
Mi árbol ilumina la estancia dormida.

Un árbol de vida verde, azul turquesa,
un murano frágil de belleza nueva
lo más cerca tuyo
el amor certero que cruzaba el cielo
volaba, volaba sobre un mar en calma
sonreía blanca como una gaviota
abría sus alas con su envergadura
como carta blanca
como una esperanza
aromatizaba mis noches despierta.
(“Ficción del Unicornio”, Cuadriga)

Porque desde el grito poético —hecho epopeya— de Gilgamesh, en aquella Sumeria atosigada por el tiempo y el dolor, el poema ha abrigado la historia, transformándola y convirtiéndola en ritmo, en canción y esperanza, como Leibi cuando enuncia:

Si me escondo
tras los calzones
coloridos de un payaso
camuflando de la rabia y la tristeza
mis sentidos...
Si me escondo
desde arriba para abajo
en la insegura levedad de este momento...
no es mi culpa.
Afuera está tan triste
y llueve.
(“Ficción del Unicornio”, Si me escondo)

En la tablilla III, columna 4 del poema, Gilgamesh grita:

Si caigo, habré conquistado la fama.
La gente dirá: ¡Gilgamesh cayó
luchando contra el fiero Humbaba!..
Estoy decidido a penetrar en el bosque de los credos

Ese grito de Gilgamesh es el que se ha venido escuchando a través de Homero y de todos los poetas a los que las civilizaciones que les tocó vivir se alojaron en sus pechos, sintiéndolas y albergándolas en sus dolores y pasiones. Por eso es que en el canto de Leibi Ng se mueve una luz que abate la sombra:

Un nombre, una mirada, un trago amargo
y los ojos avisan tempestades,
pulsos, intentos, situaciones, gritos, música, pasos
y el reverso de mi mano borra el rastro:
No tengo tiempo para regodearme
ni en mi alergia a los ácaros
ni en el dolor sentido.
Hay muchas más historias por delante
y otro sabor me aguarda en el cajón florido.
Tras ave en libertad de nuevo jaula sale.

(“Ficción del Unicornio”, Abro un cajón pequeño y brotan flores)

Aunque en el poemario de Leibi se agita y transfigura la pasión como un viento que serpentea entre horizontes y marismas, la bruma siempre se despeja dando paso al sol que nutre la vida:

A veces en la oscuridad resplandecen tus ojos.
Tintinea un sonajero y la brisa me besa.

Y sé que eres, que estás, que me piensas…

Cada alborada el rocío se cuela entre las sábanas
una gracia luminosa desciende por la estancia
se posa en el lugar que para ti reservo y ahueco el resplandor
como quien da las gracias acunando un tesoro
Es divino el momento y aunque no estés, te nombro.

A veces soy real

(“Ficción del Unicornio”, A veces en la oscuridad resplandecen)

Creo que si no hay vida, vida sentida, vida vivida, vida pensada, vida soñada o trascendida hacia linderos insospechados en el poema, se deshace la propia poesía y el poema no trasciende, convirtiéndose en carroña para alimentar los desaciertos. De ahí a que China, como un relámpago que alerta su pasión, se mueve en Leibi y la explaya hasta esos límites en donde la sangre vigoriza lo evocado:

Me rodean los centinelas inmóviles de la tumba Qin

Una capa de arena tras otra sepultan mis movimientos
Y quiero gritar, mas no puedo
Y quiero escapar, pero no se termina
Estoy cada vez más pequeña dentro de mí misma
Donde tus recuerdos me tienen prisionera.
Es como recorrer por dentro a un gusano espacial:
viajo directo a la caverna de su boca
donde la luz no llega
y me enterraron viva como a una concubina
en mitad de una pesadilla que regurgita en la memoria.
Son los círculos en el agua de una piedra lanzada con violencia desde la otra orilla. 

(“Ficción del Unicornio”, Desnudez de los árboles)

No, no me equivoqué al atreverme a inducir mi predicción sobre aquella chinita de doce años, sobre aquella Leibi Ng que hoy me vislumbra con Ficción del Unicornio,  un poemario que canta al amor, al amor que nutre la vida, al amor que zarandea y provoca las pasiones que mueven y transforman la historia.

Efraim Castillo
Santo Domingo

domingo, 21 de octubre de 2018

FICCIÓN DEL UNICORNIO, DE LEIBI NG

Poeta, editor, pintor, asesor literario... José Alejandro Peña
Leibi Ng es una poeta dominicana, nacida en Santiago de los Caballeros. De padre chino y madre dominicana.  Ficción del unicornio es su primer libro de poesía; y sobre este libro voy a referirme ahora. 
Lo que he notado desde la primera lectura de estos poemas que componen Ficción del unicornio es que son poemas de una claridad propia del lenguaje poético tradicional, donde hay elementos que tocan el fondillo de la expresión corriente como para revelar emociones que dan crédito a ciertas experiencias fundamentales. Entre estas frases corrientes hay también salpicaduras de frases dolorosas, que hablan de un sentimiento que parece elevarse, mientras más se oscurecen el tono y la fuerza del movimiento que va llevando, como a rastras, las marcas de una intención precisa, como si la trazara un pulso alígero, pero sagaz. 
Para Leibi Ng, la vida del poema está conectada a mundos remotos, a sentimientos de melancolía, a reconstrucciones pasadas que parecen estar vivas, pero siempre en el pasado. Sus poemas quieren contarnos cosas, pero la ilación de ciertos elementos de la construcción verbal interrumpen la historia o la prolongan de otro modo, mediante inserciones abstractas o semi abstractas, que no buscan recuperar nada de lo ya dicho, sino que vienen a plantarse en el poema como si desde antes hubieran estado allí... 
Este recurso, del que Leibi Ng se sirve con frecuencia, adelanta un orden privativo, que no se debe confundir con nada que no sea su propia concesión hacia lo que el habla normal torna como esforzado esquema o convención, estirando los contornos como para sacudir lo sugerido; y es ahí, en ese instante nutricio, donde parece haber un cambio real de la experiencia que nos brinda, ya con candidez, ya con intención. Gracias a que se ha insertado un cambio entre el clima regular del poema, éste parece darse a esa voluntad accidental, cobrando así mayor empuje, al menos, en la parte donde lo dicho se agiliza  por la imaginación, en lugar de quedar relegado a una cierta monotonía del tono, que también termina por relegar la significación poética.  
Obviamente, a Leibi Ng la mueven las cosas simples del mundo terrenal; y su mejor manera de ver es acercando y midiendo, o uniendo un sentimiento de tristeza a un sentimiento de esperanza, salvo cuando el desaliento es cabal y va espesándose homogéneamente en el punto máximo del dolor.  La suya es una poesía íntima, que no quiere desligarse de los ambientes de su clima expansivo. Así una palabra cierra o abre con una expresión intencional o enmarcada —si hemos de decirlo sin equívoco— en la fuerza con que se va acentuando la parte inocente del hablante poético, inocencia que alberga un malestar o varios, siendo el vértice más prominente el que más tiende a delimitar el mundo ficticio de un sentimiento que se nos presenta como verdadero.  Para que haya un espacio, tiene que haber aquello que está destinado a ocuparlo, y es así que los espacios que nos crean los poemas de Leibi Ng son espacios reales, vistos desde planos que también son reales, implicando sentimientos o realidades que son las del sujeto contemporáneo. Sin embargo, la fuerza expresiva de ciertos contenidos poéticos, a veces, fuerzan al lector a suponer que lo que nos pareció propio de una realidad próxima, está mudando de piel y de polo, dando a la sensación una dirección imaginaria que bien puede coincidir con otro lugar fuera del mundo de lo real. 
Desde el título del libro, ya empieza uno a concretar la idea de que hay algo asombroso, que reitera la ficción con el ser de la ficción, que es, en este caso, el unicornio, animal fabuloso que simboliza la soledad, la belleza, la pureza, etcétera. Sin embargo, los poemas del libro no son basados en las caracterizaciones de animales ni en asuntos meramente mitológicos, como reduciendo todo a una ficción de la ficción; y es que la palabra se va yendo o filtrando desde espacios marcados por la melancolía y el pasado. En ese irse hay también un modo de regreso pues el que va tal vez no hace otra cosa que regresar a un lugar anterior al tiempo. 
Pondré, como ejemplo, estos fragmentos que considero peculiares y, de paso, reivindicativos de la sinceridad con que se nos amplían los referentes poéticos más reveladores:
  
Un nombre, una mirada, un trago amargo
y los ojos avisan tempestades,
pulsos, intentos, situaciones, gritos, música, pasos
y el reverso de mi mano borra el rastro...
(Abro un cajón pequeño y brotan flores)

Leyendo estos poemas de Leibi Ng me encuentro con la dificultad que presentan para sí mismos los términos elegidos, no porque choquen o se contradigan mutuamente, sino porque, regularmente, todo se ajusta a una homogénea repercusión sentimental, donde cobra más valor el sentido inmediato de las frases en juego... Así notamos que lo que da sentido a esta poesía es la viva intuición que enmarca y orienta su lenguaje, unas veces insertando una fuerza extraña y dolorosa mediante la enumeración o el rodeo; y otras veces, escapando de ella por suerte de un desatino o de una debilidad. 

No tengo tiempo para regodearme
ni en mi alergia a los ácaros
ni en el dolor sentido.
Hay muchas más historias por delante
y otro sabor me aguarda en el cajón florido.
Tras ave en libertad de nuevo jaula sale.
(Abro un cajón pequeño y brotan flores)

La mala elección de una palabra en una frase de un poema podría convenir a la frase o a todo el poema, haciendo que la mala elección parezca la mejor elección, especialmente si la impresión deseada es o será una impresión grotesca o algo que se sale del texto con fácil solución. Esta capacidad tiene consigo, en cierto momento, la destreza unánime de la simplicidad con que se dan los elementos de la composición, resaltando positivamente la emoción que resulta de un conflicto dado entre dos o más términos. 
Cuando Leibi Ng nos dice que "Hay muchas más historias por delante/y otro sabor me aguarda en el cajón florido", tal vez nos habla de cosas disparatadas que, a lo mejor, obedecen a un tipo de belleza a la que tendría que irse acostumbrando el lector de poesía. Estos cortes delatan, a veces, formas insuperables de retención de fuerza expresiva, contaminando por exceso la nitidez y perfección de lo que se quiere decir. Entonces vemos como error lo que no es sino una especie de montaje verbal con el  que se está decorando el arreglo expresivo por pura diversión de la escritura. De igual modo, se percibe el hecho como una forma de refuerzo que da cabalidad y dinamismo a las regularidades del texto, abriendo una acotación que no deja nunca de aportar algo distinto a toda la masa heterogénea a la que se debe tal experimento. Sabemos que uno de los dones del poeta consiste en su capacidad de experimentación; y es cierto que Leibi Ng está poniendo en práctica este don, que sea visto ya como bueno y válido en el orden de la poesía de nuestra temporalidad no es un mandato propiamente, sino un deseo. 

En su poema Desnudez de los árboles nos dice:

Una capa de arena tras otra sepultan mis movimientos
Y quiero gritar, mas no puedo;
Y quiero escapar, pero no se termina...
Estoy cada vez más pequeña dentro de mí misma.

(...)

Como badajos desprendidos de mis campanillas
los deja vu crean retruécanos en mi cabeza
¿Cómo fue que pasaron los años? 

(...)

Sólo los olmos enfermos me contemplan.
Con sus cortezas podridas me miran…

(...)

Se van corriente abajo, mudos, mudos…
Los despliegues en un caleidoscopio incoloro
multiplican el centro de mi abismo
sin final y sin comienzo;
una dínamo rota veloz tragando anhelos.

Al detenernos en esas partes del poema, anotamos de inmediato que son las partes cardinales que dan vida a todo el conjunto; y que cada parte, de por sí, aporta al poema un ápice de lo que, en síntesis, nos viene relatando, como en confesión. Aquí no se da meramente la explicación de un hecho corriente, pues los ejes vibratorios se componen de un canto ondulado, donde va y viene una corriente de aire que nos dice algo de su elementalidad sostenida y en ese decir está la plenitud poética manifiesta.
  
En otros poemas de este mismo libro, Ficción del unicornio, Leibi Ng da vuelta a su palabra para tomar de su dorso el color menos visible;  y entonces el misterio de la palabra contagia a las palabras restantes; luego ocurre un estiramiento de la palabra que enaltece el sentido del verso.

Un toque puro
(...) 
en el suave llamado
de una tarde difusa.
(Roce)

No seré una hormiga,
no seré una abeja,
seré una cigarra 
pateada, vituperada, siempre echada fuera.
(...)
No construyo casa
no almaceno avena
no acumulo trastos,
ni caudal ni hacienda
llevo en mí las riendas
de mi vida plena.
Canto porque siento que esa es mi  faena.
Canto porque vivo, presiento, ergo sueño.
Canto porque sueño, presiento, ergo vivo.
(Yo nací cigarra)

Converso con espíritus que no me
pertenecen...
Mucho antes de perderte
ya entero te añoraba
con todos tus fantasmas,
para mi maldición.

Sobrevivo la ausencia,
la frialdad y el apego
que lastran como el plomo
las alas cercenadas.
(Vocación terrestre)

Como hemos podido apreciar en los ejemplos citados, Leibi Ng construye sus poemas con palabras cotidianas; y su mundo entra en el mundo cotidiano, dando una impresión simple de un mundo complejo; y también al revés, complicando la simplicidad cotidiana con palabras y frases que se dan abiertamente a la abstracción poética. 

José Alejandro Peña
Nueva York, 2016

sábado, 20 de octubre de 2018

El ajeno Déjà Vu



Dormí pensando en la postal
portuguesa de Vila-Matas
el faro de Cascais, conexión
que todos hemos sentido, inexplicable
y lúcida, frontera entre el ensueño
de una deuda vital con los paisajes,
recuerdo o memoria que no sabes
si fue verdad o no.

Experiencia o presagio
que apresa sin lograrlo
la emoción de un tiempo
que no es hoy, pero se asoma.

Vapor de seda movido por un dejo evocador...
Sentir de un pasado instante
reminiscencia en aromas
onírico resplandor.

El caso es que ahora lloran unas nubes en mi patio
y yo dormito en penumbras como títere doblado
sabiendo que la actuación dependerá de otros brazos
y el libro de Vila-Matas no resuelve la cuestión.
©Leibi Ng

jueves, 11 de octubre de 2018

Fulgor de la amapola



Apartada la mirada
buscando el desapego que no alcanzo
me enfrento a la torpeza del demonio
mañana, tarde, noche
en cualquier parte.

Suspiro y bajo la mirada
recordando momentos,
como quien señala el camino
de inútiles migas que comerán los pájaros...

Amado solo mío (en mi cerebro)
repartido en la vida como un ángel
ya que los sueños se me hacen reales
queda la vida para actos infames.

Coloridos, audaces, tentadores...
mis sueños son de la mujer que ama.
Justa y capaz entregada y pausada,
dispuesta a defender el hogar y la paz.

Mírame así sin mentirme de nuevo
y puede ser que en horas de escasa luz
y rota de memoria se produzca el encuentro
entonces será fe lo que fue sombra,
recóndito fulgor de la amapola.

©Leibi NG

lunes, 8 de octubre de 2018

Yo te nombro, Ligia


Elijo esta foto porque es la sonrisa
que conocí y quiero recordarla
aunque el tiempo me reduzca
a una osamenta alada.
Las pocas veces que coincidimos
personalmente, era esa alegría
tu mejor adorno.
Siempre nos prometíamos un encuentro.
Y yo, que no soy dada a juntarme,
hoy me arrepiento de no haberte llamado
con la de risas que ahí quedaron,
las complicidades que nunca compartimos,
las simpatías que se nos perdieron...
Como si dejáramos una cita abierta
ahora que sé que no te veré más
en las calles de Santo Domingo,
me hundo en esta pena caminando
por Ciudad Nueva.
Voy a leerte de nuevo
buscando claves de vida
porque no es la muerte
soberana de la eternidad
sino la vida.
Esta vida que evoco en tu sonrisa franca,
en la palabra Denver
o en apellidos como Minaya o Belliard;
tal vez en Moca o en Van-Troi
la calle Independencia, por el Ateneo,
el Diario Libre con su sello verde
y esas Saudades que sí, ¡lo juro!
sí son eternas.

Ligia Minaya, yo te nombro
y en ti, vienen todas tus letras
danzando con la alegría luminosa
por este Callejón de Flores.

©Leibi Ng

martes, 2 de octubre de 2018

Joya en piel


Una vez, en castillo habitado
mi pulsera cayó al lago encantado.

Me atreví a bajar rápido y firme
por mil escalinatas escarpadas.

Tan oscuro, tan árido y tan húmedo,
el estanque me retaba a olvidarla
pero al menos yo quería intentar
recuperar mi joya con buen ánimo.

Vi ocho duendes, dos trasgos, cuatro hadas,
un ciempiés y muchísimas arañas,
sapos de diversos tamaños con su canto
dentro y fuera del agua.

Sin más luz que las de mis pupilas,
sin apoyo, sólo el de mis ganas,
al fin pude recuperar la joya
y mi risa subió a las cuatro torres
del castillo ahora iluminado.

En mi mano relucía la joya,
en mi piel jade y oro brillaban.

©Leibi Ng

lunes, 1 de octubre de 2018

Creer obviando la evidencia


Asumí el alud de tus mentiras
armando el entramado al pie del alba;
Quería creer contra toda evidencia.

Fui colocando como monja en claustro
uno a uno los barrotes de mi verja.

En el patíbulo, bajo los campanarios,
el verdugo afilaba su herramienta
voz de averno, luces del infierno
cara y cruz del amor sempiterno.

Mi lengua, símbolo de mente alucinada
será guillotinada cual ofrenda
por la confesa culpa de creerte
obviando la evidencia.

No hay peor ciego que el que niega luz,
aún sea pródiga y cierta
pecar en fiel inmolación, fatal suicidio
que el que por gusto muere
se goza con su infierno.
©Leibi Ng

sábado, 22 de septiembre de 2018

Trasplante

Puede ser luna llena
e hincharse la ciudad
de luz brillante…

Puede oler el jazmín
encima del fulgor
zigzagueante y tenaz
de caracoles lánguidos,
pero aquí solo hay
par de secos filones
explotados por dos.

Biográfico, tal vez,
testimonial, no sé,
pues secreto no es
que dado el corazón
hueco se quedará
el trágico donante.
Sin alas, y peor
sin ganas de mirar
siquiera el aire.

Y es así que un buen día
como si fuese avión
le pasa el receptor
(junto a su amante)
trémulo todo ser
de ufano corazón
muy ajeno al debate
que para vivir él
ha debido dejar
primero a otro cadáver.
©Leibi Ng

sábado, 15 de septiembre de 2018

Humana condición

¿Qué sabes tú lo que es tener la fe perdida?
Qué sabes tú si tú no sabes nada de la vida.
Myrta Silva


Tú puedes escribir frases irónicas
cargadas de tu lógica socrática.

Describirás escenas de artístico rigor,
plenas de belleza calculada.

Disertarás sobre las diez mejores 
recetas del nirvana.

Hablarás de Beethoven, Ravel o Shostakovich
con muy doctas palabras...

Pero te faltará color, sabor y olor en cada intento
porque no sabes nada de contemplar la flor
venciendo la intención de destrozarla.

Como Unamuno habló: «Vencerás
mas no convencerás»
y es que a tu alma
le negaste la humana condición
de amar sin pedir nada.

©Leibi Ng

viernes, 14 de septiembre de 2018

Mujer

Ozana Zaika

Hoy te detienes cansada, recostada en la montaña
mira así con desaliento la hierba en tus sandalias.
Huyes del conflicto, aplastada por las dudas
y los malos entendidos.

La indiferencia que lega personalidad al destino.
Pasiva, rutinaria, irresoluta, anulada por terceros…

Tórnate andrógina ya. Regresa al rayo de Zeus.
Asume el papel del ángel, que has nacido para ello.

Escala hacia el horizonte, escancia lo espiritual
viértelo en agua o en vino. Haz de la salud, destino.

Todo está escrito. Todo es misterio.
Fatalidad vivida en lo imprevisto.

Eres vida en la carne procreada
destinada a florecer en muchas más.

Tenlo siempre presente:
donde haya guerra, tú llevas paz;
donde haya heridas, haces cicatrizar la carne;
donde hay dolor, tú lo alivias…
donde hay desierto, brotas como alfaguara.

Pon atención a tu ser porque tu serenidad
no es pasiva ni comprada.

Concentrada, reitera si es preciso,
el calculado impulso que te cambia.
Eso que creías yerto, no es más que tolerancia sin criterio.

Tú no estás agotada, solo concilias
concentras, estipulas y recuperas fuerzas.
Aún despistada, sobre nubes, el mal no causas
pues no reside en ti perversidad.

Álzate sobre lo humano y sus misterios
tú cuidas como quien respira
y nadas como un pez en la templanza.

Desde el centro de ti, brota la fuente
recobra la esperanza y mantén viva
la vida en tus entrañas.

©Leibi Ng