sábado, 22 de septiembre de 2018

Trasplante

Puede ser luna llena
e hincharse la ciudad
de luz brillante…

Puede oler el jazmín
encima del fulgor
zigzagueante y tenaz
de caracoles lánguidos,
pero aquí solo hay
par de secos filones
explotados por dos.

Biográfico, tal vez,
testimonial, no sé,
pues secreto no es
que dado el corazón
hueco se quedará
el trágico donante.
Sin alas, y peor
sin ganas de mirar
siquiera el aire.

Y es así que un buen día
como si fuese avión
le pasa el receptor
(junto a su amante)
trémulo todo ser
de ufano corazón
muy ajeno al debate
que para vivir él
ha debido dejar
primero a otro cadáver.
©Leibi Ng

sábado, 15 de septiembre de 2018

Humana condición

¿Qué sabes tú lo que es tener la fe perdida?
Qué sabes tú si tú no sabes nada de la vida.
Myrta Silva


Tú puedes escribir frases irónicas
cargadas de tu lógica socrática.

Describirás escenas de artístico rigor,
plenas de belleza calculada.

Disertarás sobre las diez mejores 
recetas del nirvana.

Hablarás de Beethoven, Ravel o Shostakovich
con muy doctas palabras...

Pero te faltará color, sabor y olor en cada intento
porque no sabes nada de contemplar la flor
venciendo la intención de destrozarla.

Como Unamuno habló: «Vencerás
mas no convencerás»
y es que a tu alma
le negaste la humana condición
de amar sin pedir nada.

©Leibi Ng

viernes, 14 de septiembre de 2018

Mujer

Ozana Zaika

Hoy te detienes cansada, recostada en la montaña
mira así con desaliento la hierba en tus sandalias.
Huyes del conflicto, aplastada por las dudas
y los malos entendidos.

La indiferencia que lega personalidad al destino.
Pasiva, rutinaria, irresoluta, anulada por terceros…

Tórnate andrógina ya. Regresa al rayo de Zeus.
Asume el papel del ángel, que has nacido para ello.

Escala hacia el horizonte, escancia lo espiritual
viértelo en agua o en vino. Haz de la salud, destino.

Todo está escrito. Todo es misterio.
Fatalidad vivida en lo imprevisto.

Eres vida en la carne procreada
destinada a florecer en muchas más.

Tenlo siempre presente:
donde haya guerra, tú llevas paz;
donde haya heridas, haces cicatrizar la carne;
donde hay dolor, tú lo alivias…
donde hay desierto, brotas como alfaguara.

Pon atención a tu ser porque tu serenidad
no es pasiva ni comprada.

Concentrada, reitera si es preciso,
el calculado impulso que te cambia.
Eso que creías yerto, no es más que tolerancia sin criterio.

Tú no estás agotada, solo concilias
concentras, estipulas y recuperas fuerzas.
Aún despistada, sobre nubes, el mal no causas
pues no reside en ti perversidad.

Álzate sobre lo humano y sus misterios
tú cuidas como quien respira
y nadas como un pez en la templanza.

Desde el centro de ti, brota la fuente
recobra la esperanza y mantén viva
la vida en tus entrañas.

©Leibi Ng

lunes, 10 de septiembre de 2018

Siempre será septiembre…



¿Puedes no recordarlo?
la patina violeta se instaló sobre cuadros
opacando los rostros por siempre eternizados
y estás tú como un dios
diste nombre al coraje de instituciones anémicas;
el tronco sideral, eco apenas nacido de democracia endeble;
mi niñez asombrada
en el mismo país que apenas repuntaba
escuchando tu voz en las mañanas nuevas de barrio esperanzado, caseríos de tablas, planchas de zinc oxidados…

Y hoy que nada cambió.
Cuando subo al Baluarte, garganta a viva voz ondeando en cuatro cuartos crucificada en blanco...
Todo siempre es igual. Las mismas meretrices y los palomos sucios.

Este reino que es tuyo desde el norte hasta el sur
los valles que pisaste con estatura atada a puntas de una estrella
la mezquindad enfrentada, la calumnia vencida en madrugadas frías,
la desnudez del hambre...
Este país natal que se anega en el llanto.

¡Qué fuerte el enemigo que hacía comer un cable!

Ahora está de moda dejarse el pelo cano y todos somos ovejos
pero tú permaneces con flores en el pecho
y tu frente está siempre interrogando al cielo
luminoso y sereno pues solo tú sabías

cómo enfrentar al clero con su medroso anhelo, seguro de sí mismo;
la vieja oligarquía, trujillista a matar,
y los que ganan más aunque inviertan de menos en la ruleta viva
que descuartiza al ternero.

Nos dejaste desiertos de herederos.
¡Me han engañado tanto y soy tan incapaz!
Prefiero la cordura del lumpen evasivo
a enfrentar realidad.

Hoy resuena tu voz en mi cabeza

¡Qué soledad tan tierna es la melodía primera:
tan morada, tan sobria, tan única en su celda
con sus hierros sin flores ni estrellas.
Abandonada en dos. La vanguardia sitiada,
se muere en tu silencio de sideral espanto,
tus ojos tan magnéticos denunciando el error
¡Tanta torpeza y oportunismo de individual calaña!
tu infinita vocación de profesor burlada en medio de las ruinas
y solo los lagartos pasean por la casa desde la enredadera.

¡Oh, Señor!
Aparta de nosotros el semblante del miedo.
Haz que otro Salomón resurja en este tiempo
y haga a uno de los dos, salvar al hijo sin dividirlo en dos.
Pero sé que echa chispas el filo de la espada.

Regrésanos a ti:
que tu voz inconfundible retumbe en la alameda,
al grito de liberación,
y que sea la verdad, la no fingida
la que cubra cual manto mi camino de arrugas sobre la propia piel.
©Leibi Ng

domingo, 9 de septiembre de 2018

Si todas las almas de las víctimas de violencia...


En el mercado del pueblo
que montan lunes y martes
canto por necesidad. No me importan
tus aplausos.

Soy una inmigrante más
perdida entre tanta gente.

Soy una pobre con voz
que no decide su suerte.

Una mujer perseguida
por su apariencia mulata.

Me han matado tantas veces,
violado y asesinado....

Mi maldición para siempre.
Sus hijos la pagarán.

Este crimen no perece
vigente en la eternidad.

Mis hijos me están llamando
con gritos y con lamentos.

Mis nietos me llorarán
desde el limbo de la muerte.

Y tú imprecas y preguntas:
¿Por qué a mí, Padre del cielo?

¡Cáncer, gusanos tendrás por
ejercer tu sadismo

¿Será que existo, que estoy?
En otro mundo divago.

No puedo restar en paz
mi cuerpo clama venganza.

Yo soy el rival más débil
por indefensa y pasiva.

Todo huérfano es mi hijo
¡NO PUEDO DEJARLO ATRÁS!
©Leibi Ng


Regalo


Nada hacía suponer
al recibir el regalo
que mi vida cambiaría
como si fuera de lana.

Brotaba un aroma nuevo
pero traía zurrapa:
una herencia no buscada
anidó en aquella masa.

Ni de mármol ni marfil
ni de látex, ni de pana
¡Ay, si fuera de piel
la acariciaría hasta el alba
y ese color de la cal
rosa y carne se tornara!

Al recibir este bien
desde la Europa lejana
me han regresado al lugar
donde de amor me llenaras.

Olmos, plátanos y mirlos…
el río que te arrullaba
y los domingos de marzo
pisando alfombras de nácar
©Leibi NG

El aullido de un perro...



El aullido de un perro, la sirena lejana, de hospital o de cárcel, el choque del pájaro ciego... Han bastado tres signos para saber que estás muriendo y sale mi alma tras tu auxilio pero vuelve desolada de aguacero. ©Leibi Ng

sábado, 8 de septiembre de 2018

Engaño




Yo hablé contigo una primera vez
y me engañaste.

Te volví a hablar y me volviste a engañar.

Dejé que me engañaras
porque cuando bajé de la Luna
me advirtieron:
-No hables con él
porque siempre engaña.

¡En fin! Ya se sabe
que guerra avisada no mata
y a oreja cerrada político no avanza.

©Leibi Ng

A mí me ha dado...


A mi me ha dado con hablar sola. Me escuchan, cien a una, las plantas con sus hojas, los palos del bambú y los cocos en lo alto. Por eso cuestiono al agua del estanque y a las piedras del pozo. Indiferentes siguen las columnas porque se creen muy firmes, pero un día de estos chillaré hasta tumbarlas y probaré que sola no estaba hablando. ©Leibi Ng

Cadáver


Ve, yo no puedo seguirte.
Me habita ya tu anhelo,
ese intangible celo
de ser lo que no es.

Ve, yo sumaré a mis partes
mil besos y caricias
que solo yo guardé
porque entre los amantes
dimensiones gravitan
y hay quien fluye hacia el éter
y hay quien denso yació.

Ve, yo seguiré adelante
con mis senos turgentes
de amamantar a un dios;
con el vientre preñado
de semillas divinas
y la mirada firme
de la que ya triunfó.

Ve, yo ahora emprendo vuelo
lejos del vaivén cotidiano,
del complejo de culpa,
de verdades ocultas
del cadáver que portas
por matarme el amor.

©Leibi Ng

martes, 28 de agosto de 2018

Sin retorno la flama


Yo que de amores ya no quiero nada
hoy me he prendado de unos ojos nuevos.
Bastó un destello y un brillo ligero
para incendiarme en el centro del pecho.

Pronto supe que ya tenía dueña
y que sus noches tienen techo y mesa
pero aún así yo me quemé por dentro
yo que pensaba que ya estaba seca.

¿Y ahora qué hago con ese destello?
¿A quién le paso la llamita nueva?
Sin esperanza viaja hacia el retorno

sin brisa fresca que agrande su flama
sin un aliento que sople certero
sin manos tiernas que su calor quieran.

©Leibi Ng

jueves, 16 de agosto de 2018

Se impone la melancolía


De pronto me despierto
con un diálogo interno.
Lo que vivo, ¿es lo cierto?
Hay colores y olores
y me entran por los ojos
miles de objetos
y suena en mis oídos
la voz del hombre negro
que lucha con la música
a cuál irá primero.

Todo tras la esperanza,
todo buscando un asta
para izar la bandera de los sueños.
Los coros, las voces,
los agudos constantes
y las respiraciones jadeantes...
vidas, épocas que no están
y se niegan a escapar.

Podría bailar, llorar, caer
doblada por la nostalgia
melancolía de una raza,
con historia y una injusticia viva
que arrastra tantos muertos
que persisten in crescendo...

Pero no. Se impone melancolía.
Se sobrepone la vital existencia
de la carne curada de sus magulladuras
y entre amapolas corren
las piernas que se estiran
como gacela en África,
como caudal del agua de pasiones
que mueve las ruedas de la supervivencia...

Suena, suena... apoteosis frena;
el coraje baja de tono
alcanza la dulzura y cesa.

©Leibi Ng

jueves, 9 de agosto de 2018

Desheredada



Aquí, vecina en tu casa,
con la lluvia como herencia
soy cigarra en dependencia
(hormiga que entrega miel).

No me duele mi destino
porque la luz del camino
propiedad no es de ninguno
y a mí me sirve cual ley.

De la noche que me ocupa
tomo y dejo como tú.
El transcurso de las horas
me propone gran virtud,
ya que sueño cuando quiero
y del alba hago bolero
cuando dormir no me va.

Sigue dormido, mi cielo,
que yo quiero caminar.

©Leibi Ng